LAS DELICIAS Y LA DESIDIA DE GUTI


El Real Madrid vive de las benditas botas del divino cristiano Kaká, sus jugadas son el deleite de los madridistas que añoraban el fútbol sublime, y sus pases son una ofrenda y un regalo para sus compañero. Las dos asistencias del brasileño en El Cornellá-El Prat, campo del Espanyol, significaron los goles de las dos promesas madridistas, la moderna: el pirata Granero y la eterna: Guti. 
Pellegrini apostó por Guti ante el Espanyol y el 14 madridista no defraudó,ante el Zurich en Champions anotó otro gol, éste una obra de arte,una vaselina para enmarcar y enseñar a todos los chicos que están aprendiendo a darle su primeras pataditas al balón. Ahí estaba el de Torrejón de Ardoz, la eterna promesa madridista que sigue computando días de gloria empañados con su deslices habituales. La magia mezclada con la torpeza. Guti, un genio incomprendido y un rebelde sin causa, tiene dos caras: héroe o villano. En Barcelona y en Zurich nos enseñó su rostro más saludable: clase mayúscula y calidad enorme, con una visión y panorámica del terreno de juego al alcance de pocos: siempre tiene una idea, ve bien el fútbol...dicen que no corre, la mayoría con razón,pero los futbolistas cobran por jugar al fútbol,los que no saben se dedican a trotar y correr, él como es un mago del balón, deja esa tarea de brega y esfuerzo a los otros.
Realmente el centrocampista madridista tiene una semejanza con un torero, un artista, aquél Curro Romero, el maestro de Camas tuvo grandes tardes de luces y otras muchas de sombras...
Dividiendo a la afición taurina en curristas y anticurristas, un capítulo que se repite con todos los distintos, los artistas. De ahí, el dicho de que el arte divide al público. Guti es otro artista, del que Zinedine Zidane llegó a decir: "hace cosas que nadie hace en el mundo".

El centrocampista madridista es todo un melacólico y un nostálgico, juega como jugaba de renacuajo, cuando no le ponían en el once porque aún era chico y no había dado el estirón, se divierte como si estuviese jugando en la plazoleta de su pueblo y hace disfrutar, de vez en cuando, con su juego.
Y es que todo envejece en el fútbol, las piernas se van cargando, les van saliendo canas, aparece el cansancio pero la calidad, el talento que demostraba en la plazoleta del pueblo, en el patio de su barrio, eso nunca se irá, no se podrá acabar, perdurará.
Desde que empezó a jugar allí por Torrejón de Ardoz llevaba en su sangre esa rebeldía que no perderá nunca, ese niño que copiaba el pelado de su ídolo Redondo o ese muchacho que imitaba a Beckham, esa eterna promesa que nos hace disfrutar aunque sea muy de vez en cuando. Sin embargo como con Curro Romero, por eso de que el arte divide para lo bueno y para lo malo, pasamos de los elegios, los halagos y los enaltecimientos a las críticas y reproches de la noche a la mañana.
Es conocida su falta de madurez y disciplina, nos deja una impresión de persona díscola y malhumorada, no posee la garra, ni las ganas de su amigo Raúl, es vanidoso, y yo diría que su grupo favorito es Pereza, porque ésta es la condición que le extravía y por ello nunca ha sido titular con ningún entrenador.
Guti, si la gente habla de tí (bien o mal), no te preocupes, preocúpate cuando no lo hagan como ya lo dijo Curro Romero : "Si puede ser que hablen bien de tí; pero si hablan mal también es bueno". Ningún gran artista ve las cosas como son en realidad; si lo hiciera dejaría de ser artista y así pervive la figura del gran incomprendido de nuestro fútbol, una mezcla de niño por su inmadurez, hombre por su clase en sus botas y mujer por su melena rubia de bote.
El arte divide al público a los espectadores, Guti fracciona a los espectadores en gutistas y antigustistas.

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