RAÚL VETE TRANQUILO, SEGUIRÁN CASILLAS E HIGUAÍN


Raúl González Blanco, a pesar de que algunos pensemos que tiene cuerda para rato, que todavía es pronto para su jubilación, quizás porque no podremos, ni queremos ser objetivos, por lo que representa, si es que existe la objetividad que no lo creo. Raúl ha sido mi ídolo futbolístico desde que tengo uso de razón, desde que veo este juego de la pelotita. Sí soy raulista y a mucha honra y lo diré hasta la extenuación sin ningún tipo de pudor.

Actualmente el 7 blanco va viendo cómo la hora de su muerte futbolística le llama a su puerta. Los límites de la vida son así, superan a todos los humanos comunes, y también a los mitos, leyendas o dioses que son hoy en día los futbolistas por el fetichismo generado entre todos, transportando indebidamente a los futbolistas a los más altos pedestales de la sociedad por encima de científicos, astronáutas o escritores.

Raúl representa valores tales como la lucha, la entrega, el profesionalismo, el empeño, la persistencia, el juego limpio (nunca ha sido expulsado), el compañerismo y la sencillez cada vez que defiende la camiseta y el escudo del Real Madrid. El capitán madridista, no hace falta que yo lo diga, es un ejemplo fuera y dentro de los terrenos de juego y lo demuestra con su caballería habitual. Don Raúl para ser ídolo de todos, no le falta carácter ni espíritu, ni carisma, yo diría que le sobran. El madridista es máximo goleador de la historia de la Champions League, del Real Madrid y de la Selección. Tampoco se puede echar al olvido su extenso palmarés: 6 ligas, 3 Copas de Europa, 2 Copas Intercontinentales, una Supercopa de Europa y 4 Supercopas de España. Como su padrino Valdano diría es "todo un Macho Alfa". Ese mismo padrino será su fraticida, el que le dio la vida, se la quita. El 29 de noviembre probablemente sea el último clásico del madridista en el Camp Nou al que silenció. Después de 15 años, será la primera vez que irá como hipotético suplente...

No se trata tampoco de ningún epitafio hacia la figura de Raúl.-Para quien no lo sepa un epitafio es el texto que honra al difunto inscrito en una lápida-. Vengo a decir con todo esto que Raúl, con lo que ha sido debe abandonar el Real Madrid al terminar su contrato, para salir de la nave madridista como el más grande y no convertirse nunca en una losa para el conjunto de los jugadores madridistas, su abrumadora presencia en el vestuario quizás pueda resultar asfixiante para los demás. Hay que dejar paso a los jóvenes. La historia de los cambios ha sido en su inmensa mayoría tremendamente engorrosa y enredados. La de Raúl no iba a ser menos, huele a traumática. Las alteraciones y transformaciones son siempre un tema delicado y el deporte no iba a ser la excepción, aparecen entre reprimendas y reproches, lógicos a su vez; los vituperios y controversias suelen producirse con los más grandiosos, con los mayúsculos. Raúl es uno de ellos. Él ya ve de cerca el fin de su etapa como futbolista. Se necesita un remplazo de garantías que logre confiscar el hueco que ocupa uno de los más laureados y apreciados deportistas de nuestro país; eso sí, Raúl nunca tendrá su consumación total por ser divinidad histórica siempre estará ahí, perpetuo en nuestra memoria y corazones. Sin embargo, ya saben, el tiempo pasa para todos, la gloria del triunfo es ante todo transitoria, somos entes naturales, finitos; en tanto que los cuentos y las fábulas tienen fecha de caducidad, es decir, prescriben en alguna fecha en este mundo cíclico.

La pena es que el capítulo del 7 acabe sin un relevo español, a Negredo le correspondía por madridista, a Villa le correspondía por calidad, por maravilla. Pero somos así, no valoramos lo nuestro y han querido que la permuta no sea española, sí ibérica,sí francesa, sí galáctica con Cristiano Ronaldo y Benzema. Sin embargo el sustituto por naturaleza del capitán madridista ya estaba en casa; se llama Gonzalo Higuaín y lleva el ADN del madridismo impregnado en las venas, el del amor propio, el de las gestas y el tesón de los goles en los instantes finales y decisivos, el de la esencia inherente merengue:la fe.


Al Pipita Higuaín hace unos años se le contrastaba con Ronaldo. Sus fallos,sus desaciertos y su nombre: Higuaín eran propicios para el símil: "Igualín" que Ronaldo. No lo escondo, yo también caí en la fácil tentación. Me enmudecieron todos sus goles. Empezó a silenciar a muchos con el gol al Espanyol en el último minuto en aquella Liga de Capello del Juntos Podemos, tapó otras muchas boca con el gol en Pamplona ante Osasuna que sirvió para coseguir la última liga blanca, la del pasillo. En la siguiente temporada, la del Triplete blaugrana, la del 2-6 en el Bernabéu, realizó un registro de 25 goles, ante tal obviedad ya no quedábamos bocazas.
El Pipa Higuaín, además de estar forjado en territorio madridista a base de tres fatigosas temporadas, tiene edad cómo para crecer y desarrollarse como un superclase aún más. El delantero argentino debe ser titular por conciencia y honradez a su figura, que ha dado al Madrid tardes de gloria y espíritu madridista al más estilo Raúl, su maestro.

Raúl, este año hay final de Champions en el Bernabéu, a por tu cuarto trofeo continental, después vete tranquilo sin que te echen, es mejor que te echen de menos a que te echen de más. Además de capitán se queda un santo: Casillas y de número 7 y delantero, un hombre fe: Higuaín. Raulito al colgar las botas y dejar de ser futbolista canta como Julieta Venegas: “Yo que pensé que nunca me iría de tí, pero hoy entendí que no hay suficiente para los dos, que lástima pero adiós, no voy a llorar y decir que no merezco esto, porque es probable que lo merezco pero no lo quiero, por eso me voy”. Pero ciertamente el 7 nunca se irá del fútbol, tiene ese alma de entrenador y seguro que será el futuro Guardiola.

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