EXTRAÑA FORMA DE VIDA



El Atleti es la bandera de la improbabilidad hecha realidad, de la imposibilidad relativa, del cuando quiero, también puedo. El encuentro ante el Recreativo fue una leyenda romántica, de esas que se repiten de cuando en cuando sólo y exclusivamente en la Ribera del Manzanares. Remar y remar para llegar a buen puerto...(4-0), y después de hacerlo todo, volver a meter la pata regalando un gol y auto-expulsándose un lamentable Assunçao -con Raúl García en el banquillo- El Atleti, fiel a su estilo no podía pasar cómodamente, sin darle emoción a la contienda. Siempre cogemos el camino más largo. Vuelta a empezar. Toma y daca, excentricidad copera. Y en la locura más absoluta, como rige en su ADN, el Atleti con una magistral falta lanzada  con la bota de Simao e impulsada a modo de misil con el corazón de todos los atléticos encontró el gol de la clasificación para mayor éxtasis y delirio colchonero.
Los 30.000 valientes congregados en el Vicente Calderón con la crisis y la ola polar que anega nuestro país, volvieron a entonar el "Te quiero Atleti". Olvidando el frío, regresaron a sus casas más ardientes que nunca. Extraña forma de vida.

Para ser del Atleti te imponen una cláusula al nacer, la de sufrir. Extraña forma de vida. Ser del Atleti es montarse en una montaña rusa de maravillosas sensaciones, unas amargas y otras dulces. Extraña forma de vida. Siempre Bajando y subiendo a los cielos, como los octavos ante el Recreativo. Capaces de lo mejor y de lo peor. Extraña forma de vida.

Remito a Extraña forma de vida-de Enrique Vila-Matas-, porque justamente es uno de los libros de los que me examino en la facultad en estas próximas fechas y que desde aquí recomiendo.
Al protagonista de dicha obra le enamoró a primera vista una de las hermanas Onetti, la más atractiva y la menos buena, la felona Rosita. Pero terminó eligiendo y casándose con la más bondadosa, honrada y tierna, Carmina, que le prometió amor eterno. Extraña forma de vida.

A mí de renacuajo me hipnotizó el Real Madrid. Sin embargo, ahora con la mayoría de edad cada día soy más sufridor, más del vecino pobre, del Atlético de Madrid. Me identifico con el perfume que desprende el club madrileño, me veo representado en la seña atlética porque evoca a mi vida misma. Yo también preferí el camino largo, pero a la larga más gratificante, el de ser periodista, aunque bien pude elegir el menos enrevesado y cómodo, ser abogado.  Y es que los atléticos somos sufridores, de repescas, de remontadas, fieles, dejamos el trabajo para última hora, pecamos de indolencia y desidia, no entedemos el término medio, apelamos al espíritu de superación y ganamos y conquistamos siempre a contracorriente, cuando nos dan por muertos, por arrebato, todo jolgorio y delirio. Extraña forma de vida.

Ser del Atlético es una auténtica  Extraña forma de vida. Y su grandeza se asienta en esa particular idiosincrasia insondable, en el sentir atlético, esa extraña forma de vida que se asemeja a una religión que te da y te quita la vida, en la que el verdadero valor consiste en saber sufrir y en la que los colores rojiblancos van con los de nuestras formas de ser. Esa extraña forma de vida que te imprime carácter, te hace de otra pasta con los éxitos y las victorias sufridas, que se saborean más y sientan mejor. Esa extraña forma de vida colchonera en la que en un instante pasas de ser el Glorioso al Pupas. Una extraña forma de vida, que por mucho que se intente, no se puede explicar. El Atleti es una extraña forma de vida, una extraña forma de originalidad y de rebeldía. Ser del Atleti es una manera de vivir y es que el corazón tiene razones que la razón no entiende. Eternamente grandes. Extraña forma de vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario