XAVI Y GUTI: DOS POETAS DEL FÚTBOL


El fútbol siempre ha estado muy ligado a la literatura y a la poesía, ya Alberti escribió una oda al guardameta culé Platko, Miguel Henández a un portero del Orihuela, Luis García Montero le dedicó un poema al R.Madrid y Benjamín Prado compara el espíritu deportivo del fútbol con un soneto. El fútbol es un diálogo entre la realidad y el deseo

En el fútbol existen los poetas, los poetas del balón, esos magos que leen un partido y son capaces de hacer con su juego sublime una obra de arte, con el ritmo de un soneto de Garcilaso de la Vega o un manantial sereno del poemario de Antonio Machado. Porque hay futbolistas, que juegan en verso.

En nuestra Liga yo rescataría a dos que simbolizan la poesía en el fútbol, dos magos del balón, dos poetas del fútbol muy distintos; Xavi Hernández y José María Gutiérrez-Guti-. Ambos centrocampistas de sangre española, con una treintena de años y de títulos a sus espaldas y segundos capitanes del Barça y del Real Madrid. Sin embargo, son los dos grandes representantes de dos concepciones y formas de entender el fútbol, antónimas y opuestas.

Xavi Hernández es el arquetipo de futbolista que proviene de una cultura arraigada, con una mirada hacia la tradición expuesta en la figura de sí mismo. Es el poeta del balón formado, académico e ilustrado que se amolda a las circunstancias de una determinada estructura, adentrándose dentro de la norma reinante. Su juego es de elaboración, un producto evolutivo que se alimenta del estilo del Barça de Cruyff y Guardiola, del “metafútbol”, un futbolista híbrido. Siempre reflexivo, de toque sosegado y plácido, con un ritmo implacable a base de técnica y trabajo para hacer lo aparentemente fácil y así potenciar el juego dinámico de equipo, eso que puede parecer poco espectacular, sin errores y que alude a lo coloquial y a lo clásico, como si de un jugador determinado socio-históricamente se tratara. Su forma de rebeldía es el gusto por lo sencillo, por la normalidad compartida por la mayoría. Eso es lo que le hace único. Un poeta del balompié de los que se hacen. Un futbolista capaz de adaptarse a un patrón para liquidar al rival con su toque, llevando la batuta y la voz cantante de nuestra Selección del Tiqui-Taca y del mejor Barça de la Historia. Un ejemplo del don Antonio Machado de Campos de Castilla. Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Y al echar la vista atrás se ve la senda que no se ha de pisar nunca más. Un maestro ejemplar, un profe modélico.

Guti es lo contrario, para el 14 lo difícil no representa dificultad, es de alma solitaria, extravagante, un genio incomprendido, un rebelde sin causa, un bohemio de inspiración momentánea, que anda a la caza de lo hermético, de lo improbable y de lo inviable. Intenta fascinar con una acción sutil y selecta, ese pase original y "gútico". Es un hombre ensimismado al margen de la historia y de lo que le rodea, rememorando a los malditos y marginados, viviendo de su improvisación saliéndose de los márgenes y circuitos oficiales y esperando a que se le encienda la luz a que frote la lámpara. Sin el concepto de la adaptabilidad explora lo extraño, juega a su manera. Se trata de un futbolista ácrata e instintivo en el que reina la idiosincrasia y que no va a cambiar. En fin, un poeta de los que nacen, de los que enmarcan un sólo punto, un sólo momento capaz de recordarse a través de la historia. Como ese taconazo que ya es leyenda. Cosas que duran un instante pero que curiosamente de las que podremos hablar toda la vida. Una especie de Juan Bonet, escritor excéntrico e irrepetible, del peculiar Juan Ramón Jiménez, a la minoría siempre. El fútbol escrito cuando el fútbol quiere. Guti es el heraldo del decadentismo futbolístico, Baudalaire en estado puro preocupándose más de la forma, de la estética, que de la ética. Un ilusionista irreverente.

Una pena que por la dejadez y la desidia del 14 madridista nunca hayamos podido disfrutar en la Selección de la pareja de poetas del balón. Pero Guti es así, a su manera. O lo amas, o lo odias. No quiso ser como Xavi, al que espero y deseo se le entregue el Balón de Oro, él supo habituarse en el orden y la norma. De Guti prefiero que se retire por la puerta grande, siendo Guti, mostrándonos la cara del Guti genio y figura, luego vivirá en Bangkok subido a una moto, porque ni supo ni quiso montarse en el mundo currante de la regularidad ni ajustarse en una norma establecida.

Xavi y Guti. Dos centrocampistas antónimos. Dos futbolistas distintos, dos maestros opuestos del soneto del fútbol: Un diálogo entre la realidad del cerebro infalible de Xavi y los deseos del genio irregular Guti. Pero sobre todo, dos poetas del balón, eternos. Una especie en extinción. XAVI Y GUTI en mayúsculas. Dos filosofías. Dos maneras de vivir. Dos formas de entender el fútbol. Pura poesía, arte puro, lo que es el fútbol, una anestesia, ese rincón al que aludimos los jodidos del mundo y un altavoz, esa forma de cambiar el mundo. Xavi y Guti, mucho más que dos futbolistas. Dos poetas del fútbol.

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