EL ATLÉTICO DADÁ DE MADRID


En el año 1916 en la ciudad suiza de Zurich nació el dadaísmo, un movimiento artístico que se presentaba por Tristan Tzara como la negación absoluta de la razón, del sistema, de la jerarquía, de las reglas, de la ley y considerando a la lógica como una falsa, siempre en continua búsquda del escándalo, del gusto polémico, de la espontaneidad, de lo inmediato, de la desorganización, y de la contradicción y la carambola. Es decir, algo intraducible a palabras.

Estudiando este movimiento te viene a la mente, por lo menos amí, la figura de mi Atleti de Madrid. Como el dadaísmo, una manera de ser y de vivir que te da y te quita la vida en la que reina la improbabilidad. Somos del no cuando todos dicen sí, y del sí cuando todos dicen no. Perdemos ante el Almería o el Málaga y ganamos al Sevilla, Barcelona y Valencia sucesivamente. Funcionamos mejor cuando nos dan por perdidos.

Somos un poema dadaísta hecho a base de lírica del sombrero, siempre disparatados y sufridores como nadie. Ser del Atleti es montarse en una montaña rusa de sensaciones dulces y amargas. Un sentimiento que como el dadaísmo, no se puede explicar. Para ser del Atleti se tiene que nacer, somos una pequeña forma de originalidad, de rebeldía y un modo de negación de toda vertiente lógica. Una extraña forma de vida.

Los atlético no gritamos: Dadá, coreamos con todas nuestras fuerzas el "Te quiero Atleti". Somos grandes porque hacemos del infortunio leyenda romántica. El día que dejemos de ser como somos, no seremos colchoneros. No tendremos la pasarela Cibeles. Pero con la ribera del Manzanares y el paseo de los melancólicos tenemos de sobra. Nuestro mesías no se llama Tzara, se apellida Torres y su relevo el Kun quiere heredar la corona, la corona dadaísta, visitando con un título al dios Neptuno.

Somos atléticos, somos dadaístas. Hemos vuelto a poner de moda el activismo Dadá, hemos vuelto a nuestras raíces, hemos vuelto a ser el glorioso. Esta temporada puede ser mágica. Brindemos por el Kun, Forlán, Reyes, Simao, De Gea y también por Dadá. El corazón tiene razones que la razón no entiende. Para bien y para mal. Somos atléticos, somos dadaístas. No hay más que decir.

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