PAPÁ, ¡YA SÉ PORQUE SOMOS DEL ATLETI!

“Un día le preguntó el hijo al padre: ¿Por qué somos del Atleti, Papá?; el padre enmudecido con mirada atónita, no sabía qué decir. Tras varios años, se dio la misma circunstancia en la relación padre-hijo. Esta vez, el niño ya adolescente, respondía: sé porque somos del Atleti Papá, hemos transformado el infortunio en leyenda romántica, así nos han consolado siempre mamá y la novia. Pero hoy, después de lo de Liverpool, ya sé lo que es ser del Atleti, ya sé porque somos del Atleti.”

Esa criatura ha crecido a base de sufrimiento y angustia, se ha curtido y ha madurado subiendo y bajando de los cielos como dice el rey Sabina. Al crío le adjudicaron una cláusula para ser atlético: la obligación a sufrir y el placer de resistir. Ser del Atlético es montarse en una montaña rusa, llena de sensaciones: dulces y amargas.

El niño creció con los cuentos del abuelo y la Intercontinental, del padre y aquel Doblete. En el colegio, él se desarrollaba entre las alcantarillas del infierno de la segunda, las cloacas de la Intertoto y la venta de su ídolo, el Niño Torres.

Así, iba percibiendo esa fragancia que suelta este Atlético de Madrid: un perfume que evoca a su vida misma. Se identifica con el equipo del madroño porque es de repescas y de fases previas debido a que deja el trabajo para última hora, y peca de indolencia y desidia. Sus conquistas se originan a contracorriente, acostumbra a dar disgustos.

Pero no todo son defectos e imperfecciones, los atléticos también suelen hacer llorar de alegría. Y son modestos, honrados, nobles y generosos y lo de sufridores les viene de herencia en el mismísimo ADN. Son diferentes, paradójicos, bondadosos, apelan al espíritu de superación, no entienden el término medio, y reescriben la misma historia con aventuras en la que se dan millones de golpes, bofetones y hostias.

Ser del Atleti es esa extraña forma de vida que te imprime carácter, que te hace de otra pasta con los éxitos y las victorias sufridas, la cuales se saborean más y sientan mejor. Esa extraña forma de vida colchonera en la que en un instante pasas de ser el Glorioso al Pupas. Un sentimiento que por mucho que se intente, no se puede explicar. Ser atlético es ser original, es una forma de rebeldía. Ser del Atleti es una manera de vivir.

El cuerpo melancólico de ese niño necesitaba esta alegría. Nunca había visitado Neptuno en su apogeo, y este año la Diosa Fortuna le ha dado la oportunidad de apuntar en su calendario dos finales, dos fechas, dos citas el día 12 en Hamburgo y el día 19 en Barcelona. Somos del sí cuando todos dicen no. Esta temporada el Atleti parecía condenado a seguir por la senda del fracaso, pero contra todo pronóstico se le ha dado la vuelta a la tortilla  ¡Qué tiemble Europa! Ni Messi, ni Cristiano, el mejor es el Uruguayo. Gracias Forlán por devolver la ilusión a los niños colchoneros. La espera ha valido la pena. El Atleti ya está aquí para volver a ser un grande. Neptuno vuelve a sonreír. Sin lo amargo, lo dulce no es tan dulce. Y yo Papá, ¡Ya sé porque somos del Atleti! Doblete a la vista. Yes, we Kun

2 comentarios:

13FoNsI13 dijo...

El Bota de Oro. Confiaba en él. El Master-Card..

Marco dijo...

Lo sabremos cuando nos proclamemos campeones, nadie recuerda a los finalistas a no ser que seas un equipo muy pequeño. Nuestra obligación por historia, por respeto al palmarés de este equipo, es la de celebrar títulos, sólo títulos.

Buen blog Alfonso, un saludo de un compañero de facultad, gaditano y colchonero, como tú.

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