EL ESPÍRITU DE SASTRE


Intuyo que a muchos de vosotros el ciclismo no os interese nada, lo respeto. Es cierto que el deporte de la bicicleta no ha estado a la altura de los aficionados en distintos casos, el dopaje persiste con una huella indeleble en la memoria de la afición y algunas- la mayoría- de las victorias, como las de Valverde, siguen estando en entredicho. No obstante, a mí particularmente es un deporte que me conmueve.

 Soy un apasionado de esas tardes de siestas veraniegas con su hechizo especial, ya que siempre encuentro un hueco para sentir el Ciclismo con mayúsculas. Porque le pese a quien le pese, Operación Puerto incluida, aún sigo creyendo en la épica, en las exhibiciones de Contador y compañía, y en los ciclistas reducidos a cosa, lossin nombre ni apellido. Ellos tienen un mérito tremendo. Se trata de un deporte en el que el último es el que más trabaja. Es el que más pedalea. Es el que más tiempo está sentado en el sillín haciendo kilómetros y subiendo puertos.

Ser ciclista es luchar contra el viento. No hay cantera, no hay patrocinadores y perviven con austeridad y sin poder económico ni mediático. Vivimos en tiempos duros para este deporte sufrido como el que más, del que ahora escuchamos más sobre el doping que a cerca de los éxitos de los ciclistas que con sólo una bicicleta hacen disfrutar a aficionados. Y digo hacen y no hacían porque quiero y debo creer en la inocencia y honradez de algunos trabajadores de este duro deporte. Una profesión bajo sospecha por el dopaje.

Una pena, quizás consentida y permitida por los ciclistas. Ellos son jornaleros silenciados por pinganillos y directores que hacen que se pierda la esencia de este fantástico deporte: desplomes, pájaras, ataques e independencia. Son personajes despersonalizados sin libertad, y esclavos de médicos y jefes.

Han sido sustituidos en nuestro país por otros deportistas del Tenis, del Baloncesto y de la Fórmula-1, en esta última, el motor está en el coche y no en los pedales, en las piernas, en el corazón. Algunos ciclistas al no poder incorporar la fuerza motriz en la bicicleta se lo meten en su cuerpo inconscientemente, por ser esclavos, por haber perdido la libertad y por tanto la independencia. Son sujetos pacientes. No realizan la acción del verbo "doparse", se dejan ser dopados.

El doping y la Operación Puerto se llevo consigo a ciclistas a los que idolatraba como Óscar Sevilla, Iban Mayo, Roberto Heras, Paco Mancebo o el Triki Beltrán. Ídolos devorados por el dopaje. Víctimas todos por supervivencia ante las expectativas generadas. Unos al triunfo y al éxito marcado por los directores, y otros en la defensa de su presencia en el pelotón.

Este fin de semana vuelve el Giro de Italia, que hasta no hace mucho tiempo era de total interés general para el público. Correrá el abulense Carlos Sastre- cuñado del fallecido Chava Jiménez- que no sale en prensa con asiduidad pero que es de una estirpe de corredores de los que ya no quedan. Y como a los campeones le gustan los retos. Es un tío valiente, campeón de un Tour de Francia y que a pesar de las indicaciones y de pegársela tras el Giro pasado, ha decido correr de nuevo la Gran vuelta ciclista de Italia, posiblemente la vuelta más dura del mundo.

Sastre tiene en sus manos - en sus piernas y su corazón- el hacernos vibrar a todos los buenos aficionados por la míticas Gavia o el Mortirolo. Estoy seguro de que Sastre se entregará en cuerpo y alma para la causa: volverá la épica. Retornará la magia del Ciclismo con mayúsculas en el Giro. Con un español sentado en una bicicleta y vestido de pantera rosa en primavera. La narración perfecta para un romance con dos ruedas y dos pedales que volverá al sitio que se merece. Con la mística abulense y el espíritu de Sastre, ¡podemos!

3 comentarios:

ErramunSebal dijo...

Que gran articulo!!! Me encanta el ciclismo, y pasarme horas delante del televisor viendo las etapas. Ya he vivido una etapa de la Vuelta y una del Tour en vivo. Ahora me queda viajar a Italia a ver una etapa en vivo del Giro ;P

ALFONSO LOAIZA dijo...

A mí este verano me encantaría irme a Francia para ver a Contador y cía subiendo el Tourmalet

Ivan Varela dijo...

No entiendo demasiado de ciclismo pero Sastre me parece todo un sufridor.

Saludos desde Que bello es el futbol

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