¡ LLULL, LLULL, LLULL !

¡Llull, Llull, Llull! se ha convertido en el auténtico grito de guerra del respetable en el Palacio de Vistalegre. A mí no extraña; siempre he considerado al base de Mahón un ‘crack’ de esos que no se ven a menudo. Ahora muchos entenderán por qué le dieron el número 23.

Sergio Llull es extraordinariamente bueno porque se trata de un jugador único; el chico está hecho de otra pasta. Es casi imparable. Juega un baloncesto a cámara rápida. Lo tiene todo para ser uno de los grandes. Posee las cualidades de todo base latino: inteligente, avispado, rápido, técnico. Sin embargo, el base menorquín llega más lejos: es una mezcla, un cóctel constituido del carácter de Carlos Cabezas, la inteligencia de Calderón y la magia de Sergio Rodríguez. Al base le debe quemar el balón en las manos: o la pasa o juega con él, Llull siempre lo borda. Hace del baloncesto un verdadero espectáculo. Rompe con todas las tácticas de los tozudos entrenadores empecinados en ser el foco del juego. El mejor ‘coach’ es el que deja hacer lo que saben a los mejores, el que entiende que el baloncesto es por los jugadores y para los espectadores, obviamente sin olvidar el resultado, puesto que el mejor equipo es el que más canastas encesta. De eso se trata; de meter canastas. Como hace Sergio Llull. y deja que hagan sus compañeros.

No se cansa de ganar, nunca da un partido por perdido; es un ganador nato, es de otra galaxia. Juega y hace jugar. Si decide quedarse en el Madrid sentará cátedra por Europa, pero él, como los grandes que nacieron con ese gen triunfal, quiere medirse a los mejores. Se irá rumbo a la NBA cuando pueda; sin embargo, antes será estrella en Europa. El base se quiere marcharse como un ídolo, ganando la Euroliga. Los aficionados de los Rockets (cohetes) ya suspiran por los huesos de este cohete explosivo baloncestístico.

Hay que dar las gracias al bueno de Joan Plaza por localizar a un ‘jugón’ en potencia y a Scariolo por confiar llevándoselo al Europeo. Llull es tan sumamente bueno que es el único base de España que puede hacer tan bien su trabajo desde la posición de 1 como jugando en la de 2 debido a su capacidad física, su potencia, su velocidad, su técnica, su tiro y sus penetraciones. No es ni base, ni escolta. Es las dos cosas. De base es magnífico, y de escolta, excelente.

No tiene la habilidad de pase de Ricky, pero es más completo. No se encasilla como base, él es más que eso... Un fuera de serie. De escolta se libera como triplista, pero tiene en su ADN el cromosoma del liderazgo, del director de juego. Está a otro nivel; es un jugador total.

Base o escolta, qué más da. Suele pasar con los verdaderos genios. Y es que a los buenos los pongas donde los pongas, siempre acaban triunfando, marcando la diferencia. Esos ‘cracks’ que hacen del baloncesto un espectáculo. Esos fenómenos que elevan la belleza de este deporte. Hoy vuelve con la ÑBA ante Argentina. No me cabe duda de que este verano en el Mundial seguiremos coreando su nombre. Ni el ‘Waka,waka’. La canción del verano será ¡Llull, Llull, Llull!

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