SIN EL HOMBRE CORRIENTE

El baloncesto es diferente al fútbol. Una baza importante y básica es la genética y el cuerpo, aunque éste sin su acompañante psicológico, el cerebro, es pura masa. En fútbol la posibilidad de triunfar no está regida por tener un físico poderoso, desde la figura redondeada de Puskas y Maradona hasta a la escualidez de Mágico o Cruyff, o actualmente esa maravilla de futbolista llamada Leo Messi o Andrés Iniesta que dan la impresión de que van a salir volando con el viento. Quizás por ello el fútbol enganche más, porque no hace falta ir al gimnasio, aunque Cristiano haga 3000 abdominales, para ser el mejor, se aprende así, jugando al fútbol, el talento nutre al fútbol y la cabeza lo complementa, ahí es donde se perdieron muchos futbolistas de calidad inusitada.
Al baloncesto también se aprende jugando claro, pero no se triunfa sólo así, en el fútbol tampoco, pero menos. Pau Gasol es el ejemplo manifiesto. Pau era bueno, antes, hoy y lo será mañana, sin embargo en etapa juvenil era un chico enclenque, altísimo y de apariencia casi enfermiza que no pasaba de ser el jugador 9 ó 10 de aquella exitosa expedición nacional que se proclamó campeona mundial junior.

Desde entonces se puso manos a la obra con su preparador físico Pepe Casal. Pau vio como a la vez que se moldeaba su figura con muchos kilos de más para aquel cuerpo desmerriado, su baloncesto iba en creciente y fugaz desarrollo. Pau siempre tuvo la mente sana, hombre inteligente, extraordinario compañero, mejor persona, pero su cuerpo no era totalmente apropiado para ser una verdadera estrella, sólo un simple buen jugador. Pau Gasol haciendo caso a los latinos: "Mens sana in córpore sano", comenzó su puesta a punto, hasta llegar a ser todo lo que es hoy, a base de esfuerzo, confianza, paciencia e ilusión. En su boceto tenía clavada la máxima de una Ética de la Normalidad que hoy día, lleva a rajatabla, sigue siendo un hombre totalmente solidario y sencillo, que manifesta " me da apuro ver lo que gano".

Los sueños con esfuerzo se cumplen, detrás de la fama y del glamour que vemos, están escondidas la resistencia, la paciencia y todo un sin fin de obstáculos que con entereza y estoicismo se soprepasan. Pau Gasol lo ha mamado desde pequeño y por eso entiende el concepto de equipo como ningún otro jugador. En un deporte donde el individualismo y el egoísmo impregna la NBA. El pívot español lleva impreso el colectivo en su chip, sólo hace falta escuchar sus palabras al ser campeón de la NBA y no hablar en primera persona, siempre incluyéndonos en su éxito a todos los españoles.

El trabajo y su inteligencia fueron los estímulos que lo ayudaron a conocer todo lo que tenía dentro. Un juego imperial, una persona normal al que no le han regalado nada. Capitanea nuestro juego ÑBA por Estados Unidos como lo que es, toda una estrella en la pista que camina por la vida como uno más, como un tío corriente. Una estrella normal que no tiene nada que envidiar al juego de ninguno otro jugador. Pero que es envidiable en su carácter y personalidad.

Él es un tío normal, desgraciadamente como muy pocos en el deporte en general y en la NBA en particular. Un ejemplo de coraje y superación que no paró de trabajar, y que ahora tendrá toda la eternidad para descansar. Estará siempre incrustado entre todos los españoles como el más grande. Todo un campeón de la NBA, tres veces All-Star con una ética de normalidad entre excentricidades americanas. Todo un campeón y un tío corriente que sabe de primera mano que nadie puede llegar a lo más alto armado sólo de talento. Dios o quién sabe quién, nos da el talento, pero es la suerte, la constacia y el trabajo los que que transforman el talento en genio.

Muchos jugadores NBA no estarán en el Mundial de Turquía como Lebron, Kobe, Wade y eso fantásticos jugadores que seducen y encandilan con su baloncesto, pero ellos no son como Pau. Él también enamora con su personalidad. Sus muchas horas de trabajo de más han logrado que los españoles durmamos menos en las madrugadas y lleguemos a amar el baloncesto. Este Mundial lo ganaremos pero al baloncesto se juega como se es y nos faltará una estrella normal, un tío corriente tres veces All Star con dos anillos entre sus dedos que cada día que pasa agranda su leyenda. Jugamos sin el mejor, el hombre corriente.

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