MOSQUERA YA HA CONQUISTADO NUESTRA VUELTA

Mañana en la Bola del Mundo se espera y se vislumbra, tarde de ciclismo con mayúsculas. De esta Sierra de Guadarrama parte su camino el Río Manzanares, el de los atléticos, que como todos los buenos futboleros aparcarán el deporte rey para combatir la siesta disfrutando en sus sofás mientras unos hombres de carne y hueso pedalean y pedalean sin parar. Los españoles esperan y desean que sea aquí, en una novedosa subida que evoca a grandes cimas como Mortirolo o L´Angliru, donde Ezequiel Mosquera escriba su nombre con letras doradas entre los campeones de nuestra Vuelta. La de siempre, la que ha recuperado lo novedoso de lo viejo. Hemos rescatado para la causa el rojo pasión para el maillot de líder, coincidiendo con la época de los triunfos del deporte nacional. La combinación es perfecta. La película es idílica. Posee suspense-se lo juegan todo a una carta el último día-, lugar perfecto-una subida como punto final con más de 10 por cierto de desnivel medio- y por supuesto, grandes intérpretes y personajes principales, Vicenzo Nibali, el malo de la película, joven italiano y prometedor ciclista contra el que practicaremos nuestro particular vudú y Ezequiel Mosquera, el nuestro, gallego de 34 años que ha demostrado que conjuga los verbos de la eterna juventud, los de soñar y luchar, al que animaremos sin cesar durante la subida.

Mosquera se lo merece más que ninguno. Ha estado sin equipo de postín toda su carrera, ha atacado cuando las fuerzas le acompañaron siempre sin guardarse nada, interpretando la música de aquellos escaladores de antaño como el Chava Jiménez al que ayer le premió la carrera pasando por su pueblo, El Barraco (Ávila). Es sabido que El Chava nos abandonó como menos le gustaba, a contrarreloj, y es que cuando todo lo había coronado en las cimas del ciclismo, no le quedaba nada más alto que el cielo. El abulense siempre iba de frente, vivía como corría, al ataque y cuando tenía una oportunidad no se la pensaba, con uñas y dientes tiraba para adelante. En eso se parece Ezequiel Mosquera al Chava. Sin embargo, la carrera del gallego se asemeja más a la del cuñado del Chava, a la de Carlos Sastre. Los dos han sabido esperar sus oportunidades con paciencia y sosiego, sin perder la calma. Y al final la vida, recompensa con triunfos todo ese tiempo de estoicismo. Mosquera tiene en sus manos - en sus piernas y su corazón- el hacernos vibrar a todos los buenos aficionados por la Bola del Mundo. Estoy seguro de que "Eze" se entregará en cuerpo y alma para la causa: volverá la épica. Retornará la magia del ciclismo de otra época. Además hace falta un rival de calidad y Nibali lo es. 

Todo apunta a que será la narración de la película perfecta para un romance con dos ruedas y dos pedales que pondrá en el sitio que se merece al gallego, ocurra lo que ocurra. Porque los héroes pueden ser los que triunfan o los que sucumben, pero jamás los que se dan por vencidos. Es un profesional como la copa de un pino, pertenece a la estirpe de los hombres más valientes y el heroísmo lo lleva por bandera. Pase lo que pase, Mosquera ya ha ganado la Vuelta más importante, la que no tiene precio, la que logran los verdaderos campeones, la de hacer afición. El regreso y la Vuelta de los fieles aficionados. Nuestra mayor ilusión debe ser seguir teniendo ilusiones. Hemos demostrado con creces que nuestro ciclismo no es sólo Alberto Contador. Mosquera, al que la Diosa Fortuna no le ha acompañado hasta ahora, no ha ganado nunca una etapa en una grande, pero muchas pequeñas derrotas le pueden haber conducido a la gran victoria. Mañana puede ser un gran día. Ya ha conquistado nuestra Vuelta.

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