ESTÉTICA BARÇA

El Barcelona de Guardiola es sempiterno. Es fútbol encarnado en poesía. Cuando se viste con el mono de las grandes citas enfatiza todo su poderío futbolístico. El Real Madrid sigue naufragando. Hay que rendirse ante la evidencia. Los de Mou están a años luz de la parroquia culé.

Este deporte rey se nutre de toda la parafernalia que fomentamos entre todos antes de los partidos. Sin embargo el fútbol es impermeable. Al final lo que queda son los 90 minutos del partido. El ruido de las ruedas de prensa y las declaraciones desafiantes se evapora. El silencio sepulcral del ejercicio en el terreno de juego es lo que permanece. El 5-0 es histórico. Pep Guardiola solo conjuga el verbo ganar ante el eterno rival. 2-0, 2-6, 1-0, 0-2, 5-0. 16 goles a favor y 2 tantos en contra. Increíble pero cierto.

En la obra maestra de las cosas no importantes, que es el fútbol, como en la vida misma no funciona el fundamentalismo de los cortoplacistas. En este juego triunfa y convence el sosiego. El Barça ha necesitado muchos años para obtener como resultado un culmen lírico. Se nutre de la cantera, bebe de la fuente del juego espectáculo y posee la fiabilidad alemana. El Barcelona ha caminado con paso de caracol hasta convertirse en uno de los mejores equipos de la historia del balompié. Siempre tuvo el molde, pero hacia falta esculpirlo y un grabador como Guardiola le ha otorgado el toque maestro. Es un equipo solidariamente modesto y modestamente humilde. En los duelos deportivos son dibujos animados en patalla y en la vida cotidiana son gente sencilla. No son Dioses altivos, son Dioses discretos.

Ante este vapuleo y soberana tunda, el Real Madrid de Mou se quedó sin contestación. Las patadas, el mal perder son signo elocuente de impotencia. Una humillación en toda regla. Mourinho sigue sin conocer la victoria en el ¿Camp Mou? y el Madrid dejando muestras evidentes de su complejo de inferioridad.

El Barça representa el fútbol llevado a la máxima expresión, los delanteros son los primeros en defender y los porteros son los primeros en atacar. Todas las piezas encajan en un puzzle que resquebraja a equipos tan sólidos aparentemente como este nuevo pero novicio Madrid porque los Di María, Özil siguen siendo muy buenos pero no están al nivel de los futbolista azulgranas que en su mayoría son campeones de todo con su club y con la Selección.

Este verano, Florentino quiso poner freno a la opulencia del equipo catalán con resultadismo, el del Inter con Mourinho. Pero se olvidó del buen gusto. La frase más significativa de Mourinho en el equipo italiano fue "no quiero ni necesito el balón". Quizás en la cúpula blanca no se pararon a pensar que el fútbol canonizado del Barcelona se evangeliza perdiendo o ganando. El Presidente merengue se enamoró del entrenador luso por una belleza de atracción, desprende tufo antibarcelonista, no obstante no quiso ver que rara vez esa belleza, si puede llamarse así, coincide con la que enamora de verdad. Aunque Mourinho, como otros entrenadores del Rubin Kazan, Numancia, Hércules, y más que vendrán, le arranquen los pétalos a la flor blaugrana ya nunca jamás perderá esa hermosura tan característica. El único resquicio para los madridistas es que las cinco puñaladas en el pecho fueron solo tres puntos perdidos y aún queda un largo camino por recorrer. Lo realmente preocupante es que comparte trayecto con el Barça, el verdadero quebradero de cabeza para el Madrid de Juande, Schuster, Pellegrini y Mourinho.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Aunque sé que eres del Madrid de corazón parece que la cabeza nos lleva a admirar al que juega bien. Buen camino para un periodista deportivo

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