MOU DEBE HACER LO QUE NUNCA HIZO

El Real Madrid se ha dejado media competición doméstica en una plaza como Pamplona donde conquistó la última Liga a base de casta y brío. De aquel conjunto al que el Barcelona le llegó a hacer el pasillo, quedan contados siete hombres: Casillas, Dudek, Pepe, Ramos, Marcelo, Gago e Higuaín. Un muy mal síntoma para un equipo que aspira a todo. Las prisas, la incertidumbre y la falta de paciencia han reinado en el seno madridista por una causa motriz, el crecimiento y la gestación de un Barcelona brillante, de seda y trazo fino. 

El conjunto merengue después de tres años sigue con la misma cantinela: la épica, el clavo ardiendo y más desvaríos relacionados con el gran Juanito. Pero ahora se ha agarrado de la mano de un hombre que se presenta como caballo ganador. A Mourinho en el verbo ganar no hay quien le gane, valga la redundancia. Lo ha conjugado con efectividad en Oporto, Chelsea e Inter. Es un ganador nato. Sin embargo, su imagen no casa con lo que representa el Real Madrid. 

En seis meses, el técnico portugués ha tenido tiempo de encanallar la imagen del equipo blanco como nunca antes a base de sus embestidas ante los árbitros, Manzano, Pedro León y Preciado, de demandar ser seleccionador de su país o de luchar ante su propio director técnico por un delantero suplente. Un lío constante. Valdano avisó a un Florentino necesitado de trofeos tras el chasco del curso pasado. Tiene su lado bueno y su lado malo. El yin y el yang son interdependientes. Cuando entona la melodía de las victorias, el ruido atronador de éstas tapan el sonido sibilino de su ausencia de modales y formas. 

Mourinho no dio la cara después del partido ante el Barcelona. No se incluyó en la derrota. "Han jugado muy mal" expresó y además tuvo la desfachatez de lanzar un dardo comentando que la última vez que perdió en el Camp Nou se llevó un título. Le gusta retar. Es donde brilla. Tiene por costumbre montar el cólera ante sus rivales. Busca que entren en la guerra como hicieran Ferguson, Benítez y compañía. Pero creo que no se ha dado cuenta que el Barcelona de Pep Guardiola tiene un altavoz inigualable que es el fútbol y no hay necesidad de contestación fuera del tiempo y del espacio de los 90 minutos en un terreno de juego. 

Opino que Mourinho en el Madrid, debería hacer lo que nunca hizo, autocrítica (¿Por qué Pedro León después de meter en Milán ha disputado 30 minutos en Liga?, ¿por qué el Khedira-Lass?, ¿Por qué rivales inferiores no les temen?, ¿por qué en ningún estadio cabe su ego?, ¿por qué Di María ha perdido el ángel del primer tercio del curso?, ¿por qué depende tanto el equipo de Xabi Alonso?, ¿por qué hacen más faltas de las que reciben?, ¿por qué están más cerca del Villarreal que del Barcelona?, ¿por qué han marcado cuatro goles en los últimos cinco encuentros?, ¿por qué después de tres años y 400 millones se alude a lo mismo de siempre?)


Mou más que afilar su equipo para las Comuniones, donde se ganan los títulos, enseña sus garras a todos los rivales aunque no le opongan resistencia, como su enemigo en casa Jorge Valdano y quizás termine sin vida por arañarse él solo antes de llegar a Semana Santa.


Sí, toca autocrítica porque cuando el juego es funcional los pretextos no sirven, es obligatorio incluirse cuando las cosas no van de cara para la mejoría en el juego y adaptarse a lo que demanda el público para pelear de forma competitiva en las demás competiciones, ya que en la lucha dialéctica-futbolística ante el Barcelona saldrá goleado, como en el 5-0. Al que saca pecho a menudo se lo acaban hundiendo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

el mejor barca de la historia

Anónimo dijo...

Manda narices que un niñato estudiante de periodismo, que no ha empatado con nadie, se atreva siquiera a insinuarle al mejor entrenador del mundo lo que tiene que hacer. Chaval, háztelo mirar, en serio, háztelo mirar.

@Jsanta02 dijo...

A anónimo: Le concederás cierta credibilidad cuando le lees. Me parece que la opinión del autor es éso. Por lo tanto, respetable. Y ciertamente no creo que fuéramos capaces de distinguir la suya de otras de "Reputados periodistas deportivos de ámbito nacional" en una lectura a ciegas.

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