EL BASKET DEVORA AL FÚTBOL EN HUMILDAD

Otro trofeo más para el Barcelona. Esta vez en baloncesto. Una demostración más de que el conjunto culé cuida con mimo cada sección deportiva. Una demostración más del compromiso de la entidad catalana con el deporte. Sin embargo, más que destacar el partidazo de Anderson en la final o la inteligencia de Víctor Sada, hoy quisiera rescatar una lección del baloncesto a la vida. Verbigracia, la entrega del título por parte del capitán Grimau al lesionado Basile. El italiano dejó de lado sus muletas para alzar al viento la Copa del Rey. Y todo con un Real Madrid ausente de vanidad y alaracas. Enseñanza para el reducto de ignaros que sigue instaurado en el deporte rey sobre el fomento de la cultura en el deporte.

La realidad es que en basket se respira otro ambiente. Se vive de una forma distinta. Menos crispado. Más amistoso y habitable. Quizás por su escasa repercusión en los medios. Tienen que lidiar con un miura. El fútbol tiene un altavoz de decibelios gigantesco. Ante la contaminación acústica a la que se ven expuestos otros deportes se pugna a través de humildad. No existen los Dioses, ni las mitificaciones. El fetichismo queda apartado a un segundo plano. El baloncesto es un deporte más humano. El fútbol debe seguir las pisadas del baloncesto en este ámbito. Los homenajes a Sergio Asenjo son el primer paso adelante. Pero me cuesta creer que en fútbol, Higuaín levante el trofeo o que el ganador sea tan elegante en la victoria como digno en la derrota. Es una obligación luchar por un deporte como pretexto de integración. Un motivo más para soñar con un mundo mejor.

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