EL MITO DE RAÚL Y VILLA

Tener a Villa es una maravilla. Sus números con la Selección hablan por sí solos: 46 goles en 71 encuentros, por los 44 que logró Raúl en sus 102 partidos internacionales. Bate todos los récords y su techo es el paraíso de los más grandes. Ha sabido anteponerse ante las odiosas comparaciones con el ex-capitán merengue a base de goles. Ha convencido tanto a raulistas o anti-raulistas con dianas de todos los colores y ha logrado todo lo habido y por haber con nuestra Roja. 

Villa no es ni mejor ni peor que Raúl. Es su relevo generacional. De él heredó el 7 y lo ha portado siendo el perfecto ejecutor del Tiqui-Taca. Sin el Guaje, nada de esto hubiera sido posible. Ha confiscado el hueco que dejó el gran Raúl y es ya el máximo goleador de la cronología futbolística patria. El tiempo y el espacio le eran más apetecibles. No ha necesitado tirar del carro con el Ferrari, sino que ha ido subido en él, perteneciendo a la mejor generación de futbolistas que ha dado nuestro país.

En un juego tan cíclico, el tiempo de Raúl había prescrito con la Selección. Una demostración de que todo jugador es finito a un equipo. Hasta los mitos tienen fecha de caducidad. A Raúl, un ganador nato, le costó asumirlo y siguió reivindicándose. Luchó con ahínco a ramalazos. Pero su Ferrari ya se había quedado añejo. Villa tenía la pista libre para pilotar desde la delantera a la mejor Selección de nuestra historia. Lo ha logrado con creces. Su marca se antoja inalcanzable. Pero la de Raúl también lo parecía. Sin embargo, siempre acaba por aparecer un relevo. 

También habrá tiempo para que el metafútbol se reescriba. Y es que curiosamente Raúl debutó con el Madrid en La Romareda y terminó allí su carrera de blanco con gol. También lo hizo contra la República Checa con España. Ayer, Villa superó sus 44 goles ante los checos. El eterno retorno: Siempre acabamos llegando a donde nos esperan. Villa está en el cielo de nuestros delanteros, pero como buen ariete en combate, no descansa. Raúl tampoco. Pase lo que pase, ambos jugadores serán dos divinidades históricas y nunca tendrán consumación al estar perpetuos en la memoria de los aficionados al buen fútbol. Raúl y Villa. Dos mitos de nuestro fútbol.

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