SIN ANESTESIAS

Tengo veinte años y me preparo para poder trabajar lo más dignamente posible en el mundo de la comunicación. Las dudas inundan mis pensamientos. Veo cosas esperpénticas: luchas por exclusivas en lugar de por reflexiones, pisoteos, falta de compañerismo, alejamiento de la vida social y de la gente.

En medio de la algarabía escucho a Iñaki Gabilondo y entonces pienso luego existo, como Descartes. Sufro, luego avanzo como mi Atleti. Y me rebelo. Es indignante la situación del periodismo actual. Competir a toda teja sin escrúpulos por el EGM trae consecuencias devastadoras. Llámenme loco en este mundo de cuerdos. Pero la mejor competición debe ser competir contra uno mismo.

Nos estamos cargando la esencia del Periodismo con mayúsculas. Hablamos más que escuchamos. Nos burocratizamos a pesar de que el cuerpo está concebido para moverse y que la noticia se cuece en la calle. Es un problema que está llamado a cronificarse. Se vive más cómodo. Antes, ser periodista conllevaba una forma de vida ineludible: enfundarse gabardina, agruparse en Cafés como el Gijón al que me llevaba mi madre de pequeño y vivir por y para el ciudadano. Ahora pasa lo contrario. El público vive para el periodista. El Star System transforma al puente y testigo como una especie de protagonista de todo este circo. ¿El gol lo mete Raúl o Lama? ¿La entrevista la contesta Iniesta o De La Morena o Paco González?

Quise ser periodista desde pequeñito, aunque titubeos no me faltaron.  Es una profesión que requiere tanto esfuerzo y dedicación que urge que sea casi vocacional. Es un trabajo que se debe amar. Nunca tratando de hacer grandes cosas pero siempre haciéndolas con gran corazón. Al final me decanté por embarcarme en ser todas las cosas que soñé. Y ahora aquí, he de decir que para ser circense, búsquense a otro. Paren el mundo que yo me bajo.

Hablo de mí porque es al que tengo a primera mano. No veía bien tantos sacrilegios de antaño. Pero miren por donde que hasta prefiero padecer las injusticias que cometerlas. Los chavales quieren ser periodistas deportivos y tener lo que De La Morena. Y por consiguiente luego pueden acabar al lado de Belén Esteban. No se dan cuenta que la magia reside en que antes hay que ser periodista. Y luego tenemos ventaja. Un periodista al uso no puede ser periodista deportivo y un periodista deportivo sí es antes un periodista al uso. Este periodismo como dijo Gabilondo "se está alejando de la vida". Tratemos entre todos de acercarlo. Con la anestesia del deporte pero carente de otras anestesias.

No nos quedemos impérterritos e impávidos. Que no nos contagien del mal del existismo. Los que triunfan son los menos. Y algunos sin merecerlo, que es de lo que realmente se trata. Si te metiste en este mundillo por el dinero o por ser famoso, muy bien. Pero quiero parafrasear a Kapucinski: "los cínicos no valen para este oficio" y decir que la felicidad de un periodista honrado y digno es siempre interior y no exterior. La satisfacción y la alegría del trabajo bien hecho. No querer meter el gol. Guardar distancia y contarlo con las mismas ganas y entusiasmo que cuando narrabas los partidos del Pro Evolution. Con la diferencia que ahora es un mensaje para más gente y debemos gastar más cuidado, es muy importante el rigor en las palabras. Son sagradas. Periodismo. ¿Qué fue de este vocablo? Aún pienso que es recuperable. Todo lo que necesitas es amor. All you need is love.

2 comentarios:

Christian dijo...

Gran entrada, una gran reflexión.

eres muy bueno Alfonso, me gusta leerte ;)

Daniel Martinez dijo...

Hola, me ha gustado tu blog.

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