MOU EL CAUDILLO


"Miren mi corte de pelo. ¡Estoy listo para la guerra!"

Mourinho ha encontrado su fórmula para la serie de partidos ante el Barça: Pepe forma parte de su engranaje en el meollo del fútbol: el centro del campo. El trivote es más trivote con el zaguero brasileño. Agazapados se juega mejor con un futbolista que tira para arriba  por casta y que defiende con uñas y dientes cada acción. Este método supondría tres máximas: Khedira se descolgaría más, Xabi podría atender al ataque con asiduidad y el equipo esperaría al rival en campo contrario. Fútbol ajedrez. 

El juego de los cientificistas. Ése en busca del gol como causa y no como consecuencia. Ése cicatero que entrega el instrumento de trabajo al contrario. Ése que puede prescindir del mejor jugador del equipo porque el único deseo es abarcarlo todo desde el banquillo. Ése que quiere marcar goles desde las ruedas de prensa. Ése que necesita auto-proclamarse y decir que tiene luz propia (Cosa que solo ocurre cuando no la hay). Ése que solo tiene como objetivo ganar y nunca gustar. 

El Madrid tiene ante sí uno de los mayores retos de su centenaria historia: desbancar al mejor equipo del mundo. La formas ya no importan. La opulencia blaugrana se contrarresta con la figura de un técnico. Da igual la historia y el pasado, da igual la camiseta, da igual la belleza. El pragmatismo está al servicio de la institución. El trivote utilitarista al del equipo merengue. El trivote expone poco, pero enreda mucho. No es un intento cualitativo sino cuantitativo, no de hacerlo bien sino de hacerlo con más individuos. 

La primera impresión ha dejado un extrañamente dulce sabor de boca. Perder la Liga en casa ante el eterno rival es hiriente, pero el empate casi se festejó con serpentinas. Una clara declaración de que nunca hubo Liga. De que no van a por el título liguero sino a por el ligero. Es menos complicado ganar al Barça en dos partidos que en treinta y ocho. Es más posible. El equipo de Pep te recorta probabilidades a base de posesión de pelota pero la posibilidad siempre está para cualquiera. La tienen todos los equipos al empezar siempre 0-0. 

El trivote del primer combate estaba cargado de una aspiración: ver cómo salía el experimento para las sucesivas batallas. Denota temor. Lo primero es protegerse. Abrigarse de cuantos más hombres mejor. Un alegato en contra del fútbol de toque. Lícito. No todos pueden practicar ese juego ni se puede proponer como única vía hacia el triunfo. Sin embargo, me parece fuera de lugar encerrarse atrás como local siendo el Real Madrid, el mejor equipo del siglo XX. 

Florentino ha dejado el club bajo la custodia total y absoluta de Mourinho. El portugués tiene plenos poderes y lo ha bunkerizado por completo. Es un caudillo. Posee una cosa maravillosa: sus pupilos creen siempre en él a muerte.y los saca el máximo jugo posible. No obstante las trincheras para los periodistas,(desplantes en rueda de prensa) los compañeros (Preciado, Pellegrini), los árbitros , sus propios jugadores (Pedro León, Benzema, Canales) y el mundo, no casan con la entereza integradora merengue. Y sobre todo las murallas no están bien vistas en el templo que gozaba con Zinedine Zidane hace unos años y lo empezaba a hacer con Özil. 

Por mucho que se empeñe Mourinho, el Madrid no es un club que suela parapetarse y cuando ha sido así su imagen se ha desgastado de manera fulminante: perdiendo y también ganando como ya ocurrió con la figura de Capello. Los dictadores no encajan en el Madrid, se llamen como se llamen y hayan ganado lo que hayan ganado. Las manos de hierro son para otros tiempos. El fútbol no es un drama, es una fiesta para embellecer y dignificar al pueblo. La guerra que ha preparado Mourinho ante el Barça no tiene sentido si sigue buscando el empate. Atacar siempre fue más difícil que destruir. Ese planteamiento reservón no gana, pierden los otros.

No me pregunto si vale la pena ganar así. Este mundo capitalista lamentablemente lo han creado para que el fin justifique los medios. Pero sí que cuestiono si alguien cruzaría a la cera de enfrente para ver semejante juego. Al fin y al cabo, el fútbol lo sostienen las aficiones. La gente que paga el precio que vale una entrada son los artífices de que este maravilloso deporte siga teniendo vida. Tras casi 500 millones invertidos, el insert coin de Florentino no se antoja como el remedio para frenar a los pequeños jugones del Barça. Y sí los valores y fundamentos futbolísticos de los merengues de siempre: competitividad, tesón y fe. El caudillo Mou los enfatiza.

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