WOLFGANG AMADEUS MESSI

Mourinho sigue sin dar su brazo a torcer y el Madrid solo decodifica lo que dice su entrenador que va a misa. Han preferido escudarse en los árbitros en lugar de en su escudo, valga la redundancia. Ya no apelan a sus principios (ese desgastado pero romántico Espíritu Juanito) el hombre-almohada sobre el que descansan todos los valores es Mou. Un técnico de escasa autocrítica y que propone como estilema hacer ver a su entorno (jugadores, directivos y afición) que están solos ante el mundo. A Mourinho le han dejado entre todos crearse una imagen monstruosa. Ahora, su teoría conspiranoide versa sobre la influencia del FC Barcelona en los altos organismos del fútbol.

Comprendo a los madridistas que se quejan de la expulsión de Pepe. No lo toca, es cierto. Pero también es verdad que el Madrid juega con fuego y esas acciones a caballo entre la agresividad y la violencia penden de un hilo (Para mí es amarilla anaranjada). En el diario británico Telegraph leí ayer que el verdadero escándalo del Bernabéu no era el arbitral sino el del juego. Y es que el Madrid no quiso la pelota ni por asomo. Salió en busca del empate a cero en casa. Para que nos hagámos una idea, tuvo ante los blaugranas la misma posesión que el Almería, que perdió 0-8 ante los de Pep, Özil dio los mismos pases que el chavalín Sergi Roberto y ningún jugador en el Madrid dio más pases que Víctor Valdés.

Me parece lamentable a estas alturas de la película hablar tanto de los árbitros. Son parte del juego y sus errores van ligados a la historia del fútbol. Nos podríamos llevar la vida rebobinado imágenes y no acabaríamos. Lo mejor es aceptarlo de la forma más estoica posible. Al final te dan lo que te quitan y viceversa. Suele ser el pretexto perfecto para los que no quieren reconocer sus errores. Un buen refugio para esconder miserias como el juego del Madrid en todo un Bernabéu a rebosar y con una entrada más barata de 130 euros. Los de Mourinho se parapetaron atrás y su buque insignia: Cristiano Ronaldo alzó la voz para cuestionar el esquema.

Tanto cuestionar al trencilla Wolfgang Stark nos está atrofiando. Es un camino que no lleva a ninguna parte. Nuestro grado de embriaguez no nos deja ver lo realmente relevante. El gol de Leo Messi. Es mucho más higiénico y narrativo ensalzar al argentino. A sus 169 centímetros hechos fútbol. Un chico que no tiene límites. Un tsunami futbolístico en tiempos de desastres naturales. Ayer, sus goles me cogieron diciendo a mi compañero de piso que a veces debería pasarla más. Sin embargo, Messi es Messi y sus circunstancias. El 10 culé compone sinfonías de 5 estrellas a la velocidad de la luz y no se le puede reprochar nada. Estando el músico Wolfgang Amadeus Messi, es una ridiculez hablar de ese tal Wolfgang Stark. Pasarán los años, criaremos malvas y aquí seguirán hablando de Leo Messi.

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