Morientes, lado dionisíaco

Recordar proviene del latín, de la palabra 'recordis': volver a pasar por el corazón. Es decir la memoria tiene que ver con el raciocinio sí pero ante todo con el sentimiento. Por ello cuando queremos traer al presente cosas del pasado debemos escuchar nuestros latidos y respiros y no sólo hacer uso de la razón. El lado dionisíaco y el apolíneo de Nietzsche.

Al oír el nombre de Fernando Morientes se me vienen a la cabeza innumerables fotogramas: goles, tardes de gloria en el Bernabéu y el mejor compañero posible del máximo goleador de la historia merengue: Raúl. Juntos formaron un tándem genial: a la picaresca, el esfuerzo y el sentido común cartesiano de Raúl, el Moro de botas rojas agregó la fijación a los defensas. La delantera perfecta: la españolidad en el ataque de la Selección, la constancia de Raúl y las rachas de Morientes.

En época de galácticos los héroes de la mayoría de personas eran Figo, Zidane, Ronaldo o el propio Raúl, sin embargo mi amigo Roberto siempre bajaba a la plazoleta con la elástica del 9 por Morientes, muchos le increpaban y le decían que cómo le podía gustar más que los maravillosos nuevos fichajes del Madrid. Muy pocos entendían su amor hacia el Moro. Entonces el fútbol sólo nos parecía hecho para las filigranas, para los movimientos estilísticos y no había hueco para otros intangibles que poseía sólo Morientes y muy pocos más. Su capacidad de estar en el sitio idóneo en el momento exacto y el don celestial para marcar goles y rematar de cabeza tan fuerte como con las Jomas rojas. El arte de lo sencillez.

La selección de nuestros héroes está en conexión con los adentros de cada uno. En fútbol la gama y paleta de colores es inabarcable, el amor hacia los jugadores tiene razones que la razón nunca entendería. Roberto dejó el madridismo a la vez que Morientes, no entendía que su jugador fetiche fuera tratado como un jugador de poca monta y también echado de más. Al final le echaron de menos y él pudo darse el gustazo de ver a su ídolo ganar al Madrid con el Mónaco. Él no se rió de forma vengativa de los perdedores, todo había quedado dicho, lo que le trajo al Madrid fue lo mismo que le sacó: un hombre, Fernando Morientes. Y es que como decía el Principito: Lo esencial es invisible a los ojos, sólo con el corazón se pueden ver bien las cosas.

3 comentarios:

jairo F.Quindós dijo...

El moro era un grande de nuestro futbol un autentico Killer del area sin duda y para mi poco debia envidiar a los foraneos, sin duda el mejor socio de Raúl

Nico García dijo...

La foto lo dice todo. Raúl y Morientes. Morientes y Raúl. Aún me emociono.

Cost per head bookmaking dijo...

me acuerdo de la dupla de Raúl González y Fernando Morientes es el Real Madrid, un par de goleadores natos, lastima que Morientes y Raúl se tuvieron que ir del equipo blanco

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