SÁVIO: RECUERDOS IMBORRABLES DE UNAS UMBRO

Hablar de Sávio es hacerlo de mi infancia, de unas umbro negras como instrumento para soñar en transformar a un pata de palo regordete como era un servidor en empedernido regateador venido de Brasil. El extremo madridista fue uno de mis ídolos futbolísticos. Fue mi gran debilidad escolar, el carril del 11 era su medio de expresión y la vestimenta del Madrid nunca blanca y siempre llena de barro la prueba fehaciente de las patadas y golpes que recibió.

Vino del Flamengo, el equipo con más seguidores en Brasil y casi mundialmente, el club de las clases populares, de Zico y Bebeto y no de Garrincha ni de Pelé. Llegó a disputar algunos partidos con la 'canarinha' pero ningún Mundial, el espacio-temporal donde los "nascido para jogar futebol" se convierten en leyendas del deporte rey, por lo que no ha pasado a la historia sagrada ni al Olimpo de Dioses en el que convergen una cantidad de compatriotas suyos.

Sávio Bortolini estuvo y fue partícipe de las tres últimas Copas de Europa conquistadas por el madridismo, marcó 10 goles en la máxima competición continental pero no fue titular en ninguna de las finales y solo jugó 18 minutos en la de París frente al Valencia. Le persiguió la senda del mito en el 'jugador 12', una falsa creencia, no existen los futbolistas de segundas partes. A pesar de su intermitencia logró inmortalizar jugadas y regates con sabor propio ya fueran en el minuto 5 de partido u 88. 

Las rarezas y excentricidades, como buen perteneciente a la estirpe de extremos brasileños, también hicieron mella en el madridista. La fragilidad, la propensión a caer lesionado o a desaparecer como el Guadiana en mitad del caudal de los encuentros fueron los grandes hándicaps de un jugón de otra pasta. Quizás fue esa la última valla que siempre tiró para no cuajar y despuntar del todo en un templo como el Santiago Bernabéu necesitado de buen trato de balón y Gentos del Siglo XXI.

Las cosas que hacía Sávio sobre un terreno de juego no mercantilizaban, no fue un hombre mediático y Florentino siempre quiso pulírselo cada verano en busca de galacticidio con Figo, Zidane y luego Beckham como estandartes. En una baldosa Savio le bailaba samba y le hacía la danza del vientre a los defensores, su virtud no era el gol sino generárselo a sus compañeros iniciando jugadas de ataque. Puso el arte en la época pre-galáctica del Real Madrid sin más placer que el de hacer diabluras con el cuero en los pies.

Era hermoso ver en directo a un tipo de tan difícil comprensión que cada invierno sufría una amigdalitis crónica que le impedía jugar. Se fue por la puerta de atrás en 2002 tras haber rechazado el Real Madrid una oferta de 3.000 millones de pesetas por parte del Chelsea en el año 2000. Las luces del escenario estos dos cursos fueron para los galácticos y pervivió en el ostracismo sin conocer la felicidad.

Pasó por el Girondins de Burdeos una temporada y volvió a nuestra Liga de la mano del Zaragoza, la Liga española estaba hecha para él. En la ciudad aragonesa demostró que no estaba acabado, que su fútbol no había muerto, que sus regates no se habían ido al mundo de los sueños rotos y ese mismo año le ganó al Real Madrid de Beckham y cía la Copa del Rey con otro retador lleno de ganas de vendetta como Gabi Milito que fue descartado por una lesión en verano o con el Guaje Villa que empezaba a escribir su historia como goleador y los puñales de Cani o Galletti.

Logrado su cometido, vengado el proyecto de los galácticos, Sávio siguió haciendo las delicias en La Romareda, luego volvió a su Brasil natal por nostalgia sin embargo tardó unos meses en volver a nuestro país por esa misma sensación, en la Real Sociedad y en el Levante pasó sus últimos meses en España, por último en el viejo continente se probó en el Anarthosis de Chipre metiendo un gol en Champions con 35 años.

Hoy día, 37 años a sus espaldas, Sávio se resiste a colgar las botas, atesora el espíritu infantil y mágico de las botas Umbro y nunca se irá ya que los que recordamos siempre nunca mueren. Sávio se atrevió a retar el modelo del star system y la victoria del Zaragoza supuso la debacle del Real Madrid de Queiroz y el declive de Florentino. Desde la marcha en 2002 de Sávio el equipo blanco no ha ganado la Champions, la Décima se resiste y es que igual falten unas Umbro en la banda izquierda que conviertan los sueños en realidades y a un chico mayor de edad y universitario de nuevo en niño de parvulario. 

Unas botas que como todas las cosas que tienen valor no tienen precio. Y por ahí gravita el mundo fatídico que ideó el capitalismo y secundó Florentino, el de fabricar billetes aunque se pierda la auténtica esencia, la de jugar al fútbol. Probablemente la felicidad esté más cerca de unas viejas botas llenas de historia que de las nuevas y de último modelo con el único recuerdo del ticket de compra. Y es que como siempre dice este humilde servidor que no triunfó en el fútbol y por eso se dedicó al periodismo, para hacer con las manos lo que no pudo con los pies: el deporte pasa y las personas perduran.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué máquina eres tío. El Manolo Lama de Cai.

Fonsi Loaiza dijo...

Menos cachondeito. Jajaja.

Sueco dijo...

Éste era como tú, un salón pa ti y a hacer virguerías.

jairo F.Quindós dijo...

Savio era un artista, en el anorthosis jugo a un gran nivel llevandolo a la fase de grupos, sin duda de los mejores interiores que han pisado españa

Anónimo dijo...

Moi bo blog da actualidade futbolística. O meu blog é www.futgalicia.blogspot.com

sergio corino dijo...

enhora buena, los futbolistas o en este caso exfutbolistas no estamos acostumbrados a cosas que no sean los tipicos topicos.

Pay per head bookmaking dijo...

Savio fue un gran jugador, muy hábil y talentoso, me acuerdo de su paso por el Real Madrid donde lo vi jugar muy buenos partidos!!!

Publicar un comentario