El bisote tardío pero eterno

A poco para que finalice la Vuelta a España los nombres de Igor Antón, Carlos Sastre o Purito Rodríguez, a priori las grandes esperanzas para nuestra ronda ciclista, han sido sustituidos en las portadas por el de Juanjo Cobo, alías 'El Bisonte de La Pesa', actual maillot rojo. Y es que el mundo de la bicicleta siempre guarda un hueco para las sorpresas, para las gratas sorpresas. Este deporte de romanticismo a pesar de las innumerables desdichas continúa encontrando con el paso del kilometraje a nuevos héroes. No existe coto privado en el Olimpo de los Escaladores, basta con ser un corredor y campeón de raza. No hay impedimentos sobre edad, equipo o merchandising como sí suele ocurrir más a menudo en el primo guapo que es el fútbol.

Juanjo Cobo estuvo a punto de colgar la bicicleta en mayo. El dolor era más fuerte que el deseo y si hubiera empleado más el pensamiento que el corazón o el análisis que la intuición la retirada le habría ganado la partida al pedaleo incesante que tiene como seña de identidad. Las piernas pocas veces le han funcionado a la par de su cabeza, salvo en una Vuelta al País Vasco espectacular y unas etapas en el Tour que estarían en el museo de revisionado obligatorio si no hubiera compartido equipo (Saunier Duval, excluido por dopaje) con La Cobra y Piepoli. Iba para Guti del ciclismo: su culto nunca fue a la razón sino a la emoción y la regularidad se le atragantaba. Pero cuando más cerca estaba de bajarse para siempre del sillín. Ya no valía la pena tanto esfuerzo y amargura, su director de filas Matxin logró convencerlo. Activó sus mitocondrias e inyectaron energía vital y mental a su cuerpo.

Hoy vive en una nube. Llegó a la Vuelta de escudero de Menchov y Sastre y si acaso llevarse una etapa a la buchaca. Pasaron los días, las ciudades y los kilómetros e iba más fuerte que sus líderes. No hablaba más que en la carretera y si le preguntaban: estaba para "ayudar a sus compañeros". Hasta que el día señalado y soñado por cualquier ciclista, se levantó de la bici, pegó un arreón y ya nadie pudo seguir su estela. Tocó el cielo, y nada más y nada menos que en el Angliru, cima sólo para superclases como el Chava, Contador o Heras. Y allí en patrimonio del ciclismo, se enfundó el maillot de líder y ya sólo Froome se lo podrá arrebatar.

Treinta años, la edad de Juanjo Cobo, es flor de la vida. Algunos comentan que llega tarde para grandes cotas, pero está en perfectas condiciones de luchar de aquí en adelante por todo como hiciera Tony Rominger (conquistó su primera Vuelta con 31 y luego consiguió dos más). El corredor cántabro quizás sintiera miedo a las alturas al caer desplomado y no encontrar la estabilidad necesaria para mantenerse. Pero ha sido ahora que se ha visto al borde del precipicio el momento para reengancharse y tomar el hábito de la gloria como costumbre.

La lección de tenacidad de Cobo es digna de elogio. El ciclista se ha enrolado entre los héroes del pueblo por aguantar ese instante que otros no aguantan. El ciclismo de Cobo nos muestra como moraleja una máxima: la vida da muchas vueltas, no desistas, lucha, que el éxito es fácil, lo difícil es merecerlo. El Bisonte se lo ha ganado a pulso. Bienvenido al universo de los que duran para siempre. Bienvenido a la eternidad.

2 comentarios:

David J. Pereira dijo...

Boas!

Devo dizer que gosto imenso deste blogue!

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Saudosos cumprimentos!

Cost per head bookie dijo...

te confieso que no soy tan aficionado al ciclismo, pero si seguí la vuelta a España y me gustó mucho vale

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