DEPORTARE

Leí en el libro ‘El monje que vendió su Ferrari’, que según cuenta Éric Abidal le ayudó a salir de un tumor y a mirar la vida de otra forma, uno de esos aforismos que te marcan: ‘los sueños de los grandes soñadores jamás llegan a cumplirse, siempre son superados’. Esa es la línea a seguir. Perseguir lo que actualmente se antoja como una utopía, esa utopía que nos hace crecer a cada paso que demos aunque luego choquemos con su puerta y se nos aleje con el paso del tiempo. Un periodismo en el que se respire un sentimiento deportivo profundo; trataremos de ser esa necesaria bocanada de aire fresco que rompa una lanza a favor de la calidad, la honestidad, la integridad, en el todavía, el oficio más bonito del mundo, que diría el autor Gabriel García Márquez.

El periodismo deportivo se está acostumbrando a mirarse al ombligo, y nosotros queremos condenar dicho estado carencial a base de amor hacia la tarea. El camino nos será pantanoso y arduo sin embargo por ello más gratificante, creo que estamos ante la profesión de la vocación y no de la vacación, en solitario no llegaremos lejos por eso creamos un equipo lleno de ambición y coraje dispuesto a reclamar el deporte como metáfora de la vida. Siempre desde la horizontalidad solidaria, de tú a tú y no desde la verticalidad, de jefes y de arriba abajo que pervierte la profesión y la convierte en bastarda. La madre todas las cosas será potenciar la información que riega nuestra parte más noble y evitar los shows que estimulan nuestros bajos instintos. Porque todos tenemos un lado luminoso y otro oscuro, si impulsamos una herramienta repleta de buenas historias, bien contadas y en las que lata el corazón de una parte del universo, seguro que lo conseguiremos .

Somos muchos los que hemos llegado a límites insospechados de hartazgo debido al cainismo y lucha leonina por la audiencia y al cinismo para vender cualquier noticia aunque se asemeje más a la prensa rosa. Estoy seguro de que un periodismo deportivo honesto, digno, terapéutico (al fin y al cabo no damos soluciones solo alegrías) limpio de mentiras y que trate al lector primero como ciudadano que usuario, producirá un aficionado al deporte más sano, higiénico y con mayores inquietudes.

El tiempo no será prisionero para nuestras noticias. Se trata de una revista mensual, así los reportajes, artículos, entrevistas serán de peso y tratarán historias que nunca las veríamos publicadas en los medios principales por temor a no ser comprados al día siguiente en el kiosco. El principal objetivo es demostrar que otro periodismo deportivo es posible y que todavía no es tarde para asearlo. El nombre proviene de nuestro pasado, del latín: “deportare” y etimológicamente significa “llevar a otro sitio”, “pasatiempo”, “placer de jugar”, además del verbo “portare” y de su raíz surgió nuestra palabra reportero. Seguramente nuestro futuro resida en nuestro poder para los reportajes, que no se regirán por la inmediatez, somos el puente no los instantaneístas y todavía menos los protagonistas, sino por la madurez reflexiva, el análisis exhaustivo y el compromiso.

Es decir, creamos esta revista para transportar el pasatiempo del deporte a través de otro juego sagrado, el de la palabra, porque al fin y al cabo sin ella el deporte, no es nada. Aquellos que creemos en la música de los sueños heroicos debemos abrazar y darle voz también a los deportes minoritarios y personajes anónimos, a este mundillo le urge esa canción armónica que nos devuelva atrás a la infancia, al pasado, de ahí el nombre de la revista en latín: Deportare, el derecho de soñar.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

IMPECABLE, DIOS.

Price per head wagering dijo...

ahora que leo ese titulo, yo lei el ‘El monje que vendió su Ferrari’ también cuando estaba en la universidad y cuenta como los tipos de hábitos o pasos que tienes que tener para ser feliz en la vida, es como de autoayuda, muy bueno

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