Lampard is a lengend. La otra historia de la final





El futbolista británico esconde un relato romántico entre dos personas invisibles. El significado de la palabra Lampard desprende tanta o más pasión que la legendaria obra de alzar al cielo la Champions.

"Si uno camina con el corazón limpio y prende con fuerza sus deseos, jamás caminará solo; siempre encontrará compañeros que le ayuden y hagan fácil el trabajo. Son los invisibles. Forman una cadena mágica". Aparece en 'el arma de los invisibles' el libro de José Manuel García-Otero, el gran editor y periodista de Diario Fénix, que el mismo me regaló este jueves con una dedicatoria que rezaba así: "A Fonsi, al que disparé al corazón y me devolvió el disparo". No lo recomiendo solo, lo recomendó el mismísimo Pep Guardiola. Antes compartimos una amena charla sobre historias de fútbol, Maradona, periodismo y vida. Probablemente sea el periodista deportivo con más experiencia de Sevilla, sus 30 años al pie del cañón y al servicio de los amantes al deporte así lo atestiguan. Después de pasar un buen rato con él y entrar a su casa, me acercó al metro en su coche y al despedirme y salir por la puerta me sentí mejor persona. Son esas pequeñas cosas las que convierten al periodismo en el oficio más bonito que existe.

A José se le olvidó algo importante, pedirme que escribiera sobre la final de Múnich. Y más tarde me llamó. El tema podría partir del matiz del superhombre Drogba, los regates endiablados de Robben o Ribèry o el fútbol de prosa y sacrificio por la sintaxis del Chelsea y el fútbol poesía y entregado a la belleza del Bayern. El código de este deporte permite una infinidad de significados, palabras y discursos. Entonces me acordé de algo que me dijo: "Ya escribo menos de fútbol, cada vez miro más a mi interior". Esa quizá es la máxima profundización que pueda hacer el hombre. Para hablar del planeta ya están esos grandes intelectuales de razón que no son capaces de escuchar al corazón. El mundo no está hecho de átomos, sino de historias. Por eso quería compartir una aventura más íntima, porque el fútbol al fin y al cabo es la gran excusa que tenemos los hombres para hablar de todo lo demás.

Un grupo de amigos tuvo un paradójico sueño en el que las mujeres serían los futbolistas. Soñaron a jugar creyendo que la escoba era el caballo. Se cuenta así la desgraciada aventura que se topó Don Quijote en topar con unos desalmados pero honestos compañeros. Una fue Hazard porque estudia en Bélgica, otra Joaquín porque la conocieron en el Puerto de Santa María... Y así hasta llegar a Frank Lampard, la joya de la corona para uno de ellos. Su jugador favorito y mito al que veneraba. Otro de los amigos no estaba de acuerdo para semejante nombre. "¡Cómo le vas a poner Lampard!" exclamaba.

De casualidad y en otra aventura, el caprichoso destino le puso al que despotricaba a compartir con ella una noche y conocerla. A la mañana siguiente el chico se levantó de la cama y contó lo que había soñado. Era realidad. No podía ser cierto. Lampard había sido la princesa de sus fantasías. Casualmente su hermano en un viaje a Londres le acababa de comprar la camiseta del '8' inglés aunque le pidió la de Rooney. Los astros del cielo y de los sueños se habían alineado para que los dos se conocieran más y quién sabe si para que naciera un nuevo romance. Sin embargo, el chico pertenece al terrible grupo de los malditos, de los antihéroes y junto a Lampard no podía escuchar a su corazón porque los pies le temblaban de los nervios y se transformó en una persona totalmente diferente a su forma de ser y así nunca le dejó ver su lado más sensible.

Aunque el joven emprendió su viaje como una aventura de la libertad de los sueños, estuvo preso de amor durante mucho tiempo. Su conquista por su inaudita torpeza ya se antojaba como un imposible y solo le quedó ser un furtivo, amar a escondidas y hacer como su amigo, venerar al futbolista. Así lo hizo. Celebró sus goles como si fueran suyos, de ella, de los dos y cada diana era como un abrazo entre los dos. El fútbol, mágico como él solo, le otorgó esa oportunidad de acariciar a lo que nunca podría tener. Como Don Quijote, navegó el navegante aunque supiera que nunca llegaría a las estrellas que lo guiaban. Llegó el caso de que si marcaba Lampard en cuartos se tatuarían en Mallorca; y se cumplió, aunque lo más cerca que estuvieron de hacer semejante locura fue ir a la tienda a pedir precio.

El chico es periodista, se llama Fonsi Loaiza, escribió en verano en la Guía internacional de Borja Pardo sobre el Chelsea y tituló "Special Group" y como estrella del equipo escogió a Lampard. Por entonces, no la conocía personalmente y tampoco tenía mucha fe en que los 'blues' llegaran a una final de la Champions. Este muchacho enamorado ya ha malogrado su oportunidad y le canta como todos los que cantan al desamor y es el fútbol el arma cargada de sentimiento que le queda. El arma del invisible para ella. La expulsión de Terry ante el Barcelona y la victoria en la final frente al Bayern propiciaría que Lampard levantara la Copa de Europa, le dijo el que le puso originariamente el nombre a Lampard, a Cristina. En ese momento pensó que las utopías sí que merecían la pena. Aunque al perseguirlas, al acercarnos a ellas siempre se alejen, es la única forma que tenemos para crecer y caminar.

Le alegra haber convertido el infortunio y las equivocaciones en una leyenda romántica gracias a un mito como Lampard al que el este deporte le debe una Champions. Verá el partido en casa con esos amigos sin tatuajes que son otro Special Group y también con la camiseta del centrocampista inglés estrella puesta encima del corazón quebrado. Si Lampard alza la Champions espera que sea el último gran abrazo de los dos, pero no lo promete, quizá sea el penúltimo. Las utopías son como el fútbol, para soñar; y espera que todos esta noche hayamos soñado con una gran final, con un gran amor. José Manuel le comentó que en esto del periodismo luchaba contra molinos de vientos. Es bueno ser Don Quijote y creer que son gigantes. Como define Eduardo Galeano: "el antihéroe de dimensiones heroicas". Los quijotes aunque pierdan, nunca son derrotados porque vencen moralmente.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¿Lengend?

Publicar un comentario