Las miserias del twitterfútbol



El fútbol actual vive una ola de trincherismo abominable y los periodistas están en su cresta. Salirse de los márgenes se considera pecado y perderse en los matices puede conllevar una pérdida de salud por los insultos de algunos sectores. El que pierde siempre es el periodismo y la gente que siente de verdad el deporte y que lo viven desde el respeto y la ciudadanía. El mundo tuitero es uno de los puntos conflictivos.

Es imposible caer bien a todo el mundo. Somos imperfectos. Sufrir insultos de todo tipo vía twitter está de moda. También te pueden caer palos por escribir una reflexión como tweet que en realidad le pertenecía al maestro Pasolini. "el Bayern tiene un discurso de belleza y tratará de ser poético, el Chelsea de sintaxis e intentará ser prosa". A partir de aquí, me bombardearon. Empezamos por las suaves "está metiendo el currículum vitae para El País Deportes", "hazle una poesía a la cara de Ribery", "es del clan de Diego Torres y Fernando Palomo, además su amigo" "va a por el MVP con el tonto de Rubén Uría". "Es un Segurola de mercadillo". Muchos se califican "mourinhistas". Algunos sí han mostrado el descontento de forma elegante y con humor. Hasta ahí bien. Se ve el estilo de gente y el mal gusto que tienen por el periodismo. No por este joven que según el carnet de identidad no supera los 21 años y que está en sus albores como periodista sino por los demás compañeros de un trabajo que roza siempre el excelente. Para pasar a las que duelen "Eres un cretino y mereces ingresar en el manicomio", "eres un loco de mierda, ojalá desaparezcas de la faz de la tierra", "ojalá se muera". Tanto hasta llegar a insinuar con colgar fotos mías para "hundirle la vida" o crear un fake para descojone de toda la tropa. Este tipo de gente no solo está en el twitter sino en las otras redes sociales; solo hace falta pasarse por los comentarios en las noticias de Marca para intuir el retraso mental de alguno (muerte de Pitina, por ejemplo).

Hubo un tweet que me llenó en parte de satisfacción: "Puto poeta no contesta a los insultos el maricón de mierda". Los infelices suelen buscar hacer infelices a los demás, por eso no hay que entregarles esa felicidad. Se trata de una tribu ruidosa que solo escondidos en el anonimato se atreven a lanzar las piedras al unísono y que se sienten importantes cuando le hacemos caso. No deberíamos perder ningún minuto en darles ese gusto, siempre se amparan en la masa para lichar a alguien. Han logrado largar por hartazgo al propio Segurola o Ramón Besa.

Lo que más me gusta del fútbol es su espíritu del amateurismo y la infinidad de matices y episodios novelescos que posee cada encuentro que como explica Javier Marías "es el regreso semanal a la infancia". En la vida es preferible llevarse los desengaños temprano. El odio produce dinero y se fomenta en esta sociedad. Nada como pisotear al otro para quedar por encima. Me opongo a los extremismos, son nocivos para la reflexión. "El fanatismo tiene el defecto de estrechar el recinto mental y dejar espacios solo para nuestras obsesiones, nobles con respecto a nuestro equipo y demoniacas respecto al contrario. El aficionado es sectario por naturaleza, y eso es siempre un peligro potencial. Creo más en las mayorías silenciosas. Cada afición tiende a tener un pensamiento único. No caben muchas ideas dentro de un grupo de fanáticos" comentaba Jorge Valdano en una entrevista al diario El País. Advierto, no es por curriculum vitae, es el periódico sobre deportes que más leo porque es de los pocos que supera el calificativo de "panfleto".

Actualmente la perspectiva de las filias y fobias es la mejor para el tránsito de las noticias -desnoticias- por las tripas de este abominable negocio de los medios que hemos fomentado entre todos. Vivimos en la histeria permanente y todavía está mal visto unir deporte y cultura. Son los mismos que maltratan a los que tratan a la información con rigor y se detienen para analizar el juego con subjetividad como seres humanos que son, e imparcialidad como periodistas que a unos lectores se deben.

Desde que tengo uso de razón le profeso amor al deporte en general y al fútbol en particular y por las noches me convierto en niño porque sueño con goles. Eso no me lo puede quitar nadie. Los sueños, nuestros son. Se trata de otro romance, este con la pelota y por ello lo considero también una pasión literaria. Los he asociado siempre porque cada verano que mi madre (profe de Lengua y literatura españolas) me llevaba a Segovia a visitar la casa de don Antonio Machado, a Salamanca y ver la universidad donde estudió yo aprovechaba para comprarme una camiseta de fútbol o a Madrid al café Gijón y mis sueños eran cumplidos, ir al Bernabéu para vivir la Supercopa de mi Real Madrid de Raúl. Cuando de pequeño veía en esos veranos los libros a mi madre sentía pena por el aburrimiento aparente que le tocaba vivir mientras mi hermano y yo jugábamos en la plazoleta al balón.

Con los años me han empezado a salir algunos pelos en las piernas y me he dado cuenta de que esa pelota que teníamos hablaba pero para contar las historias que desprendía hacían falta palabras y las palabras estaban en esos libros que cuando uno se pone a leerlos pueden llegar a ser tan divertidos como el mejor partido de fútbol. Así llegué a comprender lo que decía Pasolini: "El máximo goleador de un campeonato es siempre el mejor poeta del año y el fútbol que produce más goles es el más poético". El que sea sordo para la poesía del fútbol, que no insulte porque igual algún día se hacen mayores y se dan cuenta de que estaban equivocados. Aunque el radicalismo nunca admitirá tal cosa. No tiene hombría, no crece y sobre todo no respeta. Pero tampoco tiene niñez porque dudo que disfruten del juego. Disfrutan insultando. No les hagamos ni puñetero caso.

Cuando he hablado infinidad de veces bien de Mourinho, no escuchan, no piensan; solo les gusta embestir. En fútbol manda el "conmigo o contra mí" cuando su máxima belleza reside en su diversidad y variedad de estilos. Como en todo, en twitter hay miserias y grandezas. Lo mejor es quedarse con lo bueno y seguir creyendo que si una sola persona quiere conversar, vale la pena aguantar a todos los energúmenos juntos.

2 comentarios:

Alberto M.G. dijo...

En twitter se generan unos fanatismos que no son normales. Al final, el perjudicado es el periodismo, que pierde su esencia.

Un saludo.

Anónimo dijo...

Soy Marcos G. Rayado, en Twitter puedes encontrarme como @MarcosFutbol. Es decir, que no pretendo cobijarme en el anonimato de una red social. Supongo que entre tantos insultos desechables habrás ignorado alguna opinión válida que te permita realizar una necesaria autocrítica, razón por la que encuentro redactando esto.

No me gusta tu estilo de escribir y tampoco tu manera de pensar.

En primer lugar, porque detesto la pedantería, y tus líneas están rebosantes de ella. Como comunicador, entiendo tu deseo de búsqueda de la palabra exacta, pero a menudo -demasiado a menudo- lo llevas a un extremo en el que la palabra produce deleite por sí misma, más allá del contexto, lo cual es muy peligroso en el ámbito del periodismo. La carretera que separa la simpleza más burda del enrevesamiento borgesiano es muy larga, y la virtud, como todos saben, se encuentra en el punto medio. El periodismo no es arte, y por tanto, no debe ser barroco.

En segundo lugar, por la impresión que me generas de ser una persona oportunista, a pesar del riesgo que suponga extrapolar los mensajes en una red social a la personalidad del individuo. Te seguí en Twitter durante varios periodos alternativos y creo que la mayoría de tus comentarios se rigen por la corriente de opinión favorable en el momento. Particularmente sintomático en el caso de la estadística pura, que lo enseña todo menos lo esencial. Por ejemplo: una vez que el Rayo Vallecano comenzó a perder partidos en la recta final de temporada, comprobé como tus tweets sobre los datos goleadores de Michu desaparecieron a pesar de que, cifras en mano, el ovetense haya marcado más en el global de la campaña que, por ejemplo, Negredo.

En tercer lugar, por tu falsa modestia. Comprendo que ciertos comentarios no merezcan una respuesta. Sin embargo, tu limitadísima interacción con el resto de usuarios no es justificable por motivos de status ni por motivos temporales. Cada persona es libre de actuar de la manera que desee pero tu comportamiento deja entrever cierta altanería.

Respecto a tu manera de pensar, que compartes con muchos de los periodistas de El País con los que te han comparado, mi único razonamiento es el siguiente. La grandeza del fútbol reside en la multiplicidad de maneras de jugarlo. Considerar un estilo que potencia mantener la portería a cero optimizando los recursos ofensivos para ganar peor que otro me parece un argumento muy pobre. Aquellos que piensan así, son personas que han cambiado un deseo -subjetivo- en una verdad absoluta -objetiva- que no es tal. No es peor el Chelsea de Di Matteo que el Barcelona de Guardiola. Esta temporada ha ganado, y por tanto, es mejor. Otra cuestión son los gustos individuales de cada persona.
El problema va más allá, como en el caso de los periodistas de El País. A pesar de que este comentario sólo pueda acarrearme consecuencias negativas, es evidente el fin que persigue prácticamente cada artículo: propagar el pensamiento único -el resultado no importa en absoluto, solo la idea (Bielsa, Guardiola, Lillo...)-. Respeto su opinión. Sin embargo, no concibo que se viertan críticas de manera sibilina -o descarada- en artículos meramente informativos. Es la razón por la que El País es actualmente considerado un panfleto por muchos; definición exagerada pero en cierto modo lógica.

Por último, me permito darte un consejo: vigila tu espalda. Es cierto que no se puede agradar a todos, pero aquellos que gritan e insultan son los menos peligrosos. Varias personas que han llegado a trabajar contigo -deduzco por tanto que te conocen- no tienen un buen concepto de ti. Yo no soy nadie para juzgarte. Tan solo creía conveniente dejar claro mi punto de vista.

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