La Messiangustia de CR7


    
      Es la ofensa que más le duele. La afición ha encontrado el grito: “Messi, Messi” que difumina su mejor versión. El guapo, bueno y rico se equivocó al recriminarle en los medios no a la grada sino a Messi, cuando el argentino no habla, representa el silencio y viene de marcarle 3 goles a Brasil. El delantero portugués es el símbolo del ruido.

A sus veintisiete años, Cristiano Ronaldo se encuentra en el mejor momento de su carrera deportiva (Lo ha demostrado también en la Champions League) Muchos analistas comparten la teoría de que se trata de la mejor época para la práctica del fútbol. Si existiera la perfección en este deporte estaría muy cerca de lo que es Cristiano Ronaldo. La mentalidad del delantero madridista parte de una premisa: la mezcla del talento y del esfuerzo. Nadie entrena tanto ni tan bien como él. Dentro del terreno de juego se palpa esa dedicación total al fútbol. Cada día se supera y se propone nuevos retos.

Como a los grandes del Olimpo futbolístico: Pelé, Cruyff, Beckenbauer o Di Stefano, a Cristiano el ego le sale por las orejas y por la boca. Los elegidos para la gloria del gol suelen creérselo y sentirse divos. Messi es la excepción que confirma la regla. El argentino es lo que es porque aún no lo sabe. Messi no se cree Messi y salta al campo como si del potrero se tratara. Es ahí donde expone sus travesuras. El descaro que lleva dentro lo descarga solo en el campo. Para el futbolista culé el juego supone una función biológica, es su respirar. En lo no futbolístico no interesa. Nunca saldrán en portadas sus declaraciones. A CR7 sí que le gusta ponerle acento a su poderío y excelencia y seducir también a través de cosas externas al fútbol.

Las primitivas raíces de este juego señalan (‘Football Association’)  que se trata de un deporte de asociación y compañerismo. Uno de los mejores escritores de fútbol en la actualidad, John Carlin, escribió hace aproximadamente un año sobre el tema CR7-Messi: “A pesar de tener menos talento innato, Rafa Nadal juega contra Federer sin que le acosen los demonios de la envidia. Eso debería hacer Cristiano con Messi”. Es verdad que ambos se retroalimentan con la presencia del otro. Pero Cristiano tiene que continuar en su nadalización, como estaba haciendo y demostró en la Liga. Abstraerse y tomarse los partidos con tranquilidad. Su estado de ofuscación no le ayuda y no logra darse cuenta que aunque sea por mero egoísmo la humildad le convendría para competir aún mejor. Una cuestión más que futbolística; psicológica y de equipo. Sin fantasmas, liberado, comprendiendo el aspecto colectivo sería más espectacular todavía.

Da la sensación de que le molestan más los gritos a favor de Messi que los insultos hacia su persona. Éstos siempre le han estimulado en su ambición por mejorar.  Sin embargo, el “Messi, Messi” es la mayor ofensa que le pueden hacer a quien se mira en el espejo y se siente el mejor. ¿Hay algo más frustrante para una superestrella del rock and roll que le griten en sus conciertos el nombre de la otra superestrella? Sí, sentir como la mala de Blancanieves que en el espejo donde se mira aparece la sombra de un tal Messi, que no se mira al espejo pero que es el espejo para el fútbol y los niños porque continúa siendo eso, un niño. CR7 está en su tiempo de madurez pero tiene la angustia de haber crecido, de sentirse mayor, de no gozar con la pelota como hace el argentino. Cristiano sufre en sus carnes la Messiangustia. Y eso le hace un flaco favor al fútbol de la EURO que disfruta menos si Cristiano no disfruta. 

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