El nacimiento de la edad de oro a través del amor



Nuestro deporte vive una época dorada que no olvidaremos jamás. Los guiñoles franceses  más que de enfados deberíamos utilizarlos de prueba inequívoca del trabajo realizado y los éxitos obtenidos. Si se burlan es que algo estamos haciendo bien. La inteligencia deportiva exige emplear las mofas ajenas como forma de estímulo propio para mejorar. Como dice Rafa Nadal en su biografía escrita por John Carlin: “La perfección es imposible, el desafío consiste en escalar la cumbre de las propias posibilidades”.

El fútbol se está olvidando de los cuentos de alma llenos de fuego. Aquellos que conmueven por el frenesí que derrama la belleza de los relatos del juego y sus jugadores. Los deportes como la vida no están hechos de átomos sino de historias, por eso es de justicia rescatar la epopeya de los que abrieron la lata de los triunfos. Ya no están en candelero, permanecieron poco tiempo en el escaparate pero sirvieron de modelo para las demás secciones deportivas.


A cualquier narración como su nombre indica le urge un narrador. Y casi que lo será Albert Rocas. No había uno mejor. Enamorado de su esposa, una periodista; y del balonmano, cuenta sus andanzas como el más joven de aquella camada de grandes campeones. El narrador protagonista, queda excluido ya que en el buen periodismo se ha de de ser puente y se descarta cualquier tipo de aire de grandeza. El querer las luces apaga la luz del periodista. Sin pompas, desde la tercera y la primera persona, el narrador será medio-omnisciente. Como si todo lo supiera sin que nada lo sepa.

Veintidós años son pocos para ir a la Selección y menos para ir a un Mundial. Aún así, Juan Carlos Pastor apuesta por el joven Albert Rocas. “Se la jugó conmigo porque no tenía experiencia y siempre le estaré agradecido, fue muy bonito “. Fue una temporada para enmarcar. Todos los sueños impensables fueron alcanzados. Su equipo Porland se hizo con la Liga ASOBAL. En aquel conjunto brillaban Ivano Balic, Jason Richardson, Joergensen y la institución Mateo Garralda. El lateral y capitán fue su cicerone en la selección y compartían habitación. “Era el referente. Un trabajador infatigable, con una constancia y unas ganas de un novato”.

Fuera de las pistas desempeñaba la misma función. Garralda siempre tuvo sabios consejos para su aprendiz. Albert llegó a pensar en no ir al Túnez. “Recuerdo que fue un momento muy duro a nivel personal, mi padre tuvo un infarto justo antes de empezar la concentración y yo no me quería ir hasta que no estuviera estable, pero mi madre me obligó diciéndome que mi padre querría que fuera a mi primer Mundial”.  Veinte años de experiencia en la selección ayudaban a darle cierta tranquilidad y sosiego al pequeño Albert. Entre compañeros de cuarto se llevaban más de 13 años de diferencia. “Mateo intentaba descansar lo máximo posible, se cuidaba al doscientos por cien; yo era muy joven y todavía no valoraba tanto el descanso”.

A diferencia de los Europeos en los Mundiales siempre hay ciertas peritas en dulce que sirven de meros espárrines. Fue el caso de Japón o Australia. Hasta la tercera victoria de España ante Suecia no se sacaron las primeras conclusiones. “Al principio hubiéramos firmado jugar la semis”. Una derrota por solo dos goles ante la todopoderosa Croacia en la fase de grupos fue uno de los detonantes para creer que el hito era posible. Luego rodaron las cosas a la perfección. Tanto que se colaron en las ansiadas semifinales. Ahí, España ganó a la anfitriona Túnez de Wissem Hmam por tres goles de diferencia y la temible Croacia de Dzomba esperaba en la final. 

Aquel día, 6 de febrero de 2005, España se paralizó para ver el balonmano. Todos hablábamos con una sonrisa en la cara y brillo en los ojos de Uríos, Barrufet, los Entrerríos, Juanín, Hombrados, Juancho, Lozano, Ortega, Garabaya, Rodríguez, Davis y del propio Rocas. Por entonces, Fernando Alonso solo había ganado una carrera de F-1, Nadal ningún Grand Slam, Gasol estaba en los Memphis, Xavi venía de ser suplente en la Euro, los Tours los ganaba Armstrong, las motos Rossi y los coches Schumacher y pocos sabían quién era un tal Messi.

“Nuestra ilusión por hacer historia pudo mucho más que su experiencia. Fue de los partidos más tranquilos que tuvimos”. Los campeones se hacen y se deciden en las competiciones, no antes. El seleccionador Juan Carlos Pastor llegó a pedirle a Talant Dujshebaev que fuera a Túnez. El hoy técnico del BM Atlético de Madrid lo descartó porque su etapa ya había concluido. Era la de estos chicos, nuestra primera generación de oro.

Desde aquella victoria se rompió una especie de maleficio, una barrera psicológica y se gestaron los triunfos en nuestro deporte. A renglón seguido, Nadal conquistó Roland Garros y Fernando Alonso se alzó con el Mundial de Fórmula-1. “Fuimos unos privilegiados de vivir eso en un momento en el que no era habitual en nuestro país el ir ganando finales”. España cambió el victimismo y el miedo por el hambre y la sed. Se encontró la epopeya que necesitábamos para mudar de piel y cambiar de identidad. La locura fue máxima después de volver de Túnez. Hubo portadas para los Uríos, Barrufet y cía. Los pabellones siempre se llenaban, los aplausos eran atronadores. Fue el momento de gloria del balonmano y la tocaron durante un año con sus dedos.

En 2006, los de Juan Carlos Pastor cayeron en la final del Europeo ante Francia por una abultada renta de 8 tantos. Una derrota de las que más escuecen, el día clave y en el que más ojos hay puestos en los televisores. Como un tango, al final son muchas las penas. Paradójicamente éstas engrosan las alegrías.
La vuelta a casa se eterniza tras la no consecución del objetivo. Esa noche no se hace corta porque no hay cuerpo para fiestas, no se habla con la luna y la única comunicación es la existente con la almohada para pedirle explicaciones por el mal resultado.

Acta est fabula. Todo hace indicar que la historia ha terminado. Sin embargo, en balonmano y en el deporte nunca finalizan cuando dictan los cánones de la tragedia. Poseen un trasfondo vital que a veces se despega de la mera competición. Cuando nadie lo espera, surge un resquicio a la esperanza. Ese mismo día, con la medalla de plata colgada en el pecho y la tristeza de haber perdido una final, encontró al amor de su vida, Estefanía Rey, una periodista de TVE que cubría la noticia.

Tuvo que ser otro 6 de febrero. Es una fecha siempre significativa en la vida de Albert desde el 2005. “Cubría el telediario matinal de Televisión Española. Llevaba desde las 3 de la madrugada trabajando, y cuando fui al aeropuerto y me encontré con tanto grandullón festejando la plata, jamás pude imaginar lo que ocurriría… Dos años después, como no, el día 6, Albert me pidió matrimonio” aporta su esposa.
Los trayectos de los vencidos demandan el secarse rápido las lágrimas para ver las estrellas que permanecen a la espera. El amor surgió como surge el amor verdadero: sin llamar antes a la puerta, sin buscarlo, sin esperarlo. Fue algo parecido al Mundial conquistado. Una vez roto el hielo, tocaba currárselo y pelearlo.

“Se lo curró muchísimo. Albert es un luchador nato y tanto a nivel personal como profesional, todo lo pelea con uñas y dientes. Le encantan los retos y jamás flaquea, algo que admiro porque siempre me contagia de su responsabilidad. Otra de sus grandes virtudes que me llegan a sorprender es la grandísima cantidad de amigos que están siempre a su lado” añade Estefanía.

Pan comido para ese campeón del mundo que se había curtido en mil batallas al lado de Mateo Garralda y demás compañeros. Albert Rocas no es un jugador de balonmano cualquiera, es además el talismán de la Selección. Desde su primera convocatoria, siempre que se ha logrado algún título con la selección, ha estado Albert jugando.

El deporte pasa y envejece y son los deportistas, los seres humanos los que perduran y fabrican de cada pequeño latido del corazón un propio deporte, el de las vivencias, el del vivir. Durante el mes de abril, España jugó el Preolímpico con éxito y acudirá a los JJOO de Londres. No hubo apenas información al respecto. Los medios se han olvidado que sin esta bonita primera historia quizá no hubieran llegado las demás. Era de justicia unas líneas tras tanto atropello al primer deporte en equipo de esta época en el que triunfamos.

 “Es muy difícil con el nivel que hay en el deporte español que se fijen en todos y cada uno. Pasa como en muchas cosas en la vida, hay pequeños grandes éxitos del día a día que pasan desapercibidos para la gran mayoría y no por eso no tienen su mérito”.

Por ejemplo, la antítesis mundana a la Casa Real. El campeón de balonmano que contrajo matrimonio con la periodista. Sin realezas, sin imputaciones, todo con la naturalidad del amor que se profesan dos personas normales. El deporte, el amor, la vida escritos cuando el 6 de febrero quiso. 

3 comentarios:

Nacho Miret dijo...

Acabo de descubrir tu blog y me gusta mucho yo acabo de abrir un blog de futbol y me gustaria que te pasaras y nos siguieramos

alevinsoccer.wordpress.com
El blog de los amantes del futbol

Anónimo dijo...

xD

En el momento que dices que el hecho de que se casen un jugador de balonmano con una reportera es bonito porque no hay "realezas" ni "imputaciones", demuestras que escribes con tópicos para salir del paso, de la misma forma que Stephenie Meyer escribe para niñas histéricas. Tópicos para hacer creer que eres diferente. Y eres igual que el resto.

Patético.

Hosting dijo...

Hermosa historia con tanto amor hay mas que motivos por conseguir los mejores logros.

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