Enjoy it

Ricky Rubio pertenece al selecto grupo de jugadores de la NBA por el que merece la pena recortarle dos horas a Morfeo, el dios de los sueños, porque a cambio te entrega magia y te reconcilia con la esencia del deporte. El base de Masnou se trata de un auténtico director de orquesta que posee una relación divina con todo el entorno que rodea al juego del baloncesto. Ve el pase fácil, el difícil y el imposible. Algunos le acusan de que tiene talento y poco más. Será porque piensan que el talento es cuestión de suerte. Pocos se habrán parado a reflexionar que la suerte también es cuestión de talento. Este chico talentoso ha sido mirado con lupa desde que era un niño (debutó con 14 años en la ACB, fue a los JJOO con 17) y tras una lesión de gravedad está volviendo a lo grande. 

Tiene un estilo inconfundible. Es políticamente incorrecto, niega al sistema. Si nuestros gobernantes nos han tomado tanto el pelo que ya no nos engañan, Ricky hace como ellos pero en su caso queremos que nos engañe. Le entregamos nuestra confianza con el voto de cada partido y él siempre te tiene una sorpresa agradable guardada. Un pase de espaldas, un pase al hueco que nadie esperaba, una jugada de las que te levantan del asiento aunque sean las cuatro de la mañana. Y encima es el que más carteras roba. Pero todo sin sobres ni bancos en Suiza, ni por físico sólo a base de inteligencia. 

En un tiempo que cuantifica todo, su juego es irreducible a un número. En un mundo que no sale de la austerocracia, de lo escrito por los mercados, reta a la dictadura de las pizarras. La palabra que más escuchamos en los medios 'desahuciar' significa originariamente 'quitar esperanza', Ricky conjuga otra palabra latina 'ahuciar'. El significado más bello no lo conocemos porque no nos lo han enseñado, 'dar esperanza'. Ante los Lakers se marcó un partidazo pero lo que más me emocionó fueron unas palabras que le dijo a un compañero alicaído, el ruso Shved: 'Be happy, change your face, enjoy it'. Reclamaba el juego. Lo alejaba de la mezquindad. A fin de cuentas el baloncesto no es más que eso. Deberíamos disfrutar más en el deporte y dejar la histeria a un lado.  






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