PICAPEDREROS


Hace dos años por estas fechas escribí 'Keita y Mascherano, los picapedreros'. Meses más tarde, Pep Guardiola los llamó sus 'niñitas'. El fútbol no se diferencia de la vida. No es un mundo ficcional. En un vestuario se quiere más al que tiene el corazón más grande y se desgata por los demás que al que mete el mejor gol y aparece en todos los telediarios. En aquel artículo aludía a mi abuelo Ragüe que cumpliría años en marzo si no se lo hubiera llevado por delante un cáncer. Su oficio, picar piedra y su vicio, fumar cigarros le debilitaron los pulmones hasta el final de sus días.

Es una verdadera pena que la profesión de mi fallecido abuelo se haya quedado anquilosada en una palabra que sólo sirve para que mi madre y otras profesoras de Lengua la pongan en los exámenes de bachillerato como ejemplo de parasintética (un vocablo compuesto y derivado). La palabra 'Picapedrero' es más que cinco sílabas y once letras, es una forma de ser y un sentimiento. Por eso siempre que puedo la reclamo y me la llevo conmigo a modo de fotografía que preside mi habitación. Así si olvido mis orígenes por alguna alabanza externa o excusa propia y me acecha la vanidad, tengo a mi abuelo diciéndome con el martillo: ¡déjate de quejas y pamplinas y ponte al lío!

Ya que en estos tiempos líquidos nunca sabemos dónde iremos, al menos debemos saber de dónde venimos. En el Barcelona nadie conoce su pasado mejor que Javier Mascherano. El del potrero de donde le sacaron con 12 años. Posiblemente los ojeadores fueron a ver cómo jugaba otro chaval más vistoso y en un buen rato se enamoraron de él. El 'jefecito' como los amores verdaderos no llama la atención a primera vista porque no es llamativo. Pero a la segunda vista, la que pasamos por el cerebro y el corazón a la vez, te mueres para siempre por sus huesos. Le llama el fútbol puro y auténtico. El argentino sabe que no ha llegado al Barcelona por su genialidad sino por su generosidad y sentido común en el terreno de juego. Fuera del césped es también el más autocrítico y ayer no se fue contento porque "para ser jugador del Barça no se puede permitir uno esos fallos". Un ejemplo para todos. Siempre está disponible y porta el dorsal '14' que no le dejaron a Cruyff por aquellas ideas carpetovetónicas de la Federación Española (que aún persiste de forma distinta -Sedes de Copa del Rey y Calendarios-) y lo está ennobleciendo por el holandés magistral. Ayer en una mala noche para él, fue el jugador que menos pelotas perdió (96% de precisión en el pase, más que Xavi, Piqué, Iniesta o Busquets) y que más recuperó (6).

En el tercer gol del FC Barcelona me llamó la atención el gesto que tuvo Xavi. El futbolista de Terrassa en lugar de ir a abrazar a sus compañeros fue a consolar a Mascherano por su error anterior. "Macho, de la que te has librado" le susurró al oído. O lo que es lo mismo, de la que nos hemos librado todos pero de la que te has librado por el linchamiento que te podría haber caído encima. Se acordó entonces de la que salvó Mascherano ante Bendtner del Arsenal en otros octavos. Juntos en el acierto y en el error, juntos en la salud y en la enfermedad. Soy y eres, porque somos.

Después del partido Javier Mascherano, como buen argentino, perspicaz, reconocía que habían vuelto a los orígenes. El conjunto culé presionó la salida del balón milanista tanto que por momentos parecía el mejor Barça de Guardiola. Reemprendieron el camino, regresaron a estar hambrientos y se quedaban todos sin aliento por recuperar la pelota, que para ellos no es un mero instrumento de juego, es todo, el aire que los oxigena y el alimento que los nutre. Ayer el Barcelona volvió a ser un equipo lleno de picapedreros y de Picassos: "la inspiración existe pero te tiene que coger trabajando".

Renglón aparte merece Jordi Roura. Se está partiendo los cuernos por el equipo, llega cuatro horas antes a los partidos, ha demostrado lealtad máxima a Tito Vilanova y la crítica deportiva se había cebado con el técnico interino. Cuando perdían era por él y si ganaban no tenía nada que ver. Hasta han aparecido las mismas burlas que a Del Bosque en su día. Al mejor entrenador de la historia de nuestro fútbol le llamaban Krusty, el Payaso. A Roura, Pedro Picapiedra. Y sí a veces los imbéciles llevan razón y hay que hacerles caso. Del  Bosque, el Payaso nos hizo sonreír más que nadie con Eurocopa y Mundial. Roura, el Picapiedra ha sido parte importante para que el Barça vuelva a ser el Barça. El Barça de Mascherano, el Barça de los picapedreros. Dirán que es una filosofía barata. Y lo es. Porque picar piedra tiene valor pero no precio.

6 comentarios:

Pablo dijo...

Genial, brillante comentario. Desde Argentina, soy de los que valoran a Mascherano por su generosidad, por su humildad en las alturas. Hace poco, en una nota, le preguntaron por qué creía que no había tenido chances en su posición natural, dijo que la respuesta no resistía mucho análisis y que Busquets le daba 100 vueltas como jugador. Ejemplo de futbolista, de competidor y de compañero.. A la guerra sin ejército, a la guerra con Mascherano..

Anónimo dijo...

Muy buena Fonzi

Anónimo dijo...

Sin palabras, desde el sentimiento y con lágrimas en los ojos te quiero

Anónimo dijo...

como me encantaría leer todos los días cosas como esta...

Anónimo dijo...

Eres un grande fonsi, te sigo en twitter desde hace tiempo, y no puedo estar mas de acuerdo con todas tus opiniones.(y por supuesto con tu forma de expresarlas). No puede entender como no tienes más cabida en tertulias futbolísticas(o quizás si, dado el nivel de estas)Animo y sigue así, joserra-jr

Anónimo dijo...

Mascherano es un crack, como lo eres tú.

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