Cristo con una raqueta en la mano

. FINAL DEL ABIERTO DE AUSTRALIA: NADAL - WAWRINKA ( 3-6, 2-6, 6-3 y 3-6)  

- Un ejemplar y magullado Nadal pierde en cuatro sets ante Wawrinka y revela que el deporte se calcula en valores y principios y no en títulos

El máximo respeto que se le puede profesar al deporte es sacrificarlo todo sin esperar nada a cambio, dar el máximo de uno mismo sin reclamar recompensas ni reconocimiento. La nobleza que atesora Rafael Nadal le impide retirarse por su propia voluntad de una final de Grand Slam o de un entrenamiento. Un fuerte dolor de espalda merma físicamente al tenista español desde el primer set, sin embargo con lágrimas en los ojos decide honrar al público y al rival. La tortura le acompaña durante todo el encuentro y solo su amor al tenis le auxilia. Su mirada no se centra en la mera competición sino en lo auténtico, sensible y bello.

Es la primera final de un gran torneo para Wawrinka y acaba de ganar su primer set a Rafa Nadal (3-6) en trece partidos. Seguramente de los nervios no ha dormido nada en toda la noche, pero sale a la pista como un verdadero campeón: despierto y lúcido. El tenista suizo muestra su mejor versión, domina los puntos con su técnica más depurada, el revés a una mano. Su derecha hace puntos de exposición y su brazo izquierdo le indica a modo de tatuaje todo el camino de adversidades con una cita del dramaturgo irlandés Samuel Beckett. “Siempre intentándolo. Siempre fallando. No importa. Inténtalo de nuevo. Falla de nuevo. Falla mejor”.

Rafa Nadal no tiene que mostrar los tatuajes en el cuerpo porque los lleva en el alma. No se niega a perder, se niega a tirar la toalla. Alguna vez ha manifestado que lo que le hace feliz es saber que ha hecho todo lo que ha podido y si ha perdido, ha perdido. El tenista balear queda exangüe tras un pinchazo en la espalda y enfila el camino de vestuarios para ser atendido por los fisios. El Abierto de Australia se ha cebado con él. Su mano izquierda ha perdido sensibilidad por una ampolla y no ha podido servir cómodo durante el torneo. Haber llegado a la final es casi un milagro.

En la segunda manga el deportista manacorense saca sin fuerzas, apenas puede moverse y Wawrinka continúa exhibiendo un tenis museístico con portentosos golpes de derechas. El suizo ha experimentado en menos de un año que lo entrena Magnus Norman un mayúsculo salto cualitativo en su juego. En cuartos de final ante el serbio Djokovic, número 2 del mundo, tuvo serenidad en los momentos decisivos, que era su principal problema. Resuelto el rompecabezas psicológico, a sus 28 años de edad ya no falla en los momentos cruciales y se ha convertido en uno de los tenistas más belicosos del circuito.

En el tercer set cualquier otro habría dado el partido por concluido. Nadal tiene la espalda clavada en la cruz de la derrota pero magullado decide continuar y como Jesucristo al tercer día resucita de entre los muertos. Vence prodigiosamente 6-3 la manga. Rafa es único, tiene una cabeza privilegiada, no piensa nunca en la jugada anterior, lleva la virtud hasta el máximo de sus posibilidades y hace partícipe al aficionado de sus proezas. Además Nadal paga muy caras sus derrotas. Los deportistas son los héroes de nuestro tiempo y los niños los toman como ejemplo de modelo de conducta. Su tenis enseña que no es lo mismo hacer un punto más que no hacerlo. Aunque se pierda, el esfuerzo no se negocia y con la voluntad no se especula. 

Rafa pierde el último set (3-6) y el partido. El suizo Wawrinka conquista el título, se coloca tercero del mundo por delante de su compatriota Federer, contiene sus emociones y no lo celebra por respeto. «Todos queremos ser como Rafa Nadal», concluye. El tenista español pide perdón al público por acabar así, destrozado. Después de dejarse la vida declara que no es tiempo para su espalda sino para el campeón Wawrinka. 

Así se lo inculcaron desde pequeño. En un campeonato juvenil Rafa perdía un partido 5-0 con la raqueta rota desde el primer juego. Su tío estaba en el campo de al lado, le avisaron y se lo dijo. La cambiaron y al final perdió 7-5. Toni le echó la bronca: «¿Tantos años y no te das cuenta de que está rota la raqueta? y Rafa respondió: «Estoy tan acostumbrado a tener siempre la culpa yo, que no me hubiera imaginado que la raqueta era la culpable de mi mal juego»

Ahora que vuelven los crucifijos, Nadal se merece también aparecer en los colegios de España. Aunque la mejor ubicación sería en el Congreso de los Diputados que hay más niños. Después de esta final una pregunta asola el país: ¿Qué es más difícil que dimita un político o que baje los brazos Rafael Nadal?

3 comentarios:

Roberto Mollet dijo...

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Odorica dijo...

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